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sábado, 18 de enero de 2014

Tiempos de liquidación. La riqueza de unos pocos no beneficia a todos. Tesis del nuevo libro de Zygmunt Bauman

En su modesta casa de Leeds (Reino Unido), donde se instaló a principios de los años setenta, huyendo de las purgas antisemitas desatadas en su país, no hay huella de esa pasión por lo nuevo que caracteriza a nuestra sociedad consumista. Mobiliario, adornos, alfombras, todo parece llevar años en el mismo sitio en la vivienda de este profesor emérito de la Universidad de Leeds, que le ha dedicado un instituto. El pequeño salón, que se asoma a un jardín invadido por las hojas caídas y el fragor de la vecina carretera, está repleto de libros, gran pasión del dueño de la casa. Fiel a la tradición polaca, Bauman ofrece a la periodista un abundante refrigerio: fresas con nata, pasteles de todo tipo y café que él mismo prepara, a las 10 de la mañana.
Con su característica aureola de pelo blanco, y la inseparable pipa en el bolsillo, esperando el permiso de la visitante para encenderla, Bauman tiene todo el aspecto del intelectual disidente, flagelo del capitalismo salvaje, que tantos admiradores le ha valido en los círculos antiglobalización. Pero el profesor es también un sólido y reputado analista, un implacable observador de nuestro mundo, sin aparente vanidad. Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (ex aequo con Alain Touraine), en 2010, Bauman conserva una envidiable salud. A sus 88 años recién cumplidos, sigue dando conferencias y viajando por el mundo para promocionar sus libros.
El último, ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?, se publica ahora en español editado por Paidós. “No es un libro original”, apunta Bauman. “He recogido material de diferentes investigaciones sobre la idea común que relaciona felicidad y riqueza. Cuando aumenta el PIB, aumenta la felicidad. Y se dice que la gente que gana más parece más feliz. Pero hoy sabemos que la felicidad no se mide tanto por la riqueza que uno acumula como por su distribución. En una sociedad desigual hay más suicidios, más casos de depresión, más criminalidad, más miedo. O sea que la afirmación de que la riqueza de unos nos beneficia a todos es doblemente errónea. Por un lado, no es verdad porque para eso la gente tendría que invertir su riqueza, cosa que no ocurre siempre, y por otro, porque no revierte en más felicidad porque, como hemos dicho, la felicidad depende de la igualdad, de la equidad”.
Sorprende, sin embargo, que Bauman considere nuestra sociedad actual como una de las más desiguales, cuando, al menos en el mundo desarrollado, hemos dejado el hambre atrás, y la mayoría de los ciudadanos lleva una vida decente. El profesor está de acuerdo, pero subraya un fenómeno inquietante. “Hace 20 o 30 años las desigualdades entre las sociedades desarrolladas y las que no lo eran crecía, mientras que la desigualdad en el interior de una misma sociedad (rica), disminuía. Y creíamos, al menos nosotros, los europeos, que con nuestro Estado de bienestar habíamos solucionado el problema de la desigualdad. Pero desde hace 20 o 30 años la distancia entre los países desarrollados y la del resto del mundo está disminuyendo, y, por el contrario, en el interior de las sociedades ricas las desigualdades se están disparando. Hay informes que dicen que en Estados Unidos estas desigualdades están llegando a los niveles del siglo XIX”.
Una de las razones que explicarían esta trágica fractura hay que buscarla en la globalización, que ha permitido a los empresarios contratar a sus trabajadores en cualquier esquina del globo. Otra, y muy ligada a la última crisis, es la erosión que está sufriendo la clase media.
“Es evidente que las clases medias se están empobreciendo. Podemos hablar más que de proletariado deprecariado”, dice Bauman. “O sea viven en una situación cada vez más precaria. Lo importante es que grandes sectores de las clases medias pertenecen ahora al proletariado, que se ha ampliado. Aunque hoy tengan trabajo ha desaparecido la certeza de que puedan tenerlo mañana. Viven en un estado de constante ansiedad”.Una de las razones que explicarían esta trágica fractura hay que buscarla en la globalización, que ha permitido a los empresarios contratar a sus trabajadores en cualquier esquina del globo. Otra, y muy ligada a la última crisis, es la erosión que está sufriendo la clase media.
—Su libro aborda problemas que estamos padeciendo en España, donde cientos de miles de personas han perdido sus trabajos y no pueden pagar sus hipotecas. Dicho esto, hay gente que asumió riesgos enormes. ¿No tenemos un poco la culpa también nosotros, ciudadanos de a pie, de lo ocurrido? ¿O es que es imposible resistir la tentación del consumo?
—Bueno, es difícil responder. Vivimos en la cultura del consumismo, no es ya simplemente consumo, porque consumir es totalmente necesario. Consumismo significa que todo en nuestra vida se mide con esos estándares de consumo. En primer lugar el planeta, que es visto como un mero contenedor de potencial explotable. Pero también las relaciones humanas se viven desde el punto de vista de cliente y de objeto de consumo. Mantenemos a nuestro compañero o compañera a nuestro lado mientras nos produce satisfacción, igual que un modelo de teléfono. En una relación entre humanos aplicar este sistema causa muchísimo sufrimiento. Cambiar esta situación exigiría una verdadera revolución cultural. Es normal que queramos ser felices, pero hemos olvidado todas las formas de ser felices. Solo nos queda una, la felicidad de comprar. Cuando uno compra algo que desea se siente feliz, pero es un fenómeno temporal.
Bauman recuerda que en la Europa oriental de su primera juventud, “la gente era bastante feliz”. No tenían mucho que comprar, “pero vivían en comunidades solidarias, con buenos vecinos, que se ayudaban entre sí, cooperaban, y eso les daba seguridad, y, por otro lado, eran artesanos, o gente que en palabras del sociólogo americano Thorstein Veblen tenía ese ‘instinto de la humanidad trabajadora’. La felicidad deriva del trabajo bien hecho. La satisfacción que eso produce es extraordinaria. En nuestra sociedad, en cambio, nos definimos no por lo que hacemos sino por lo que compramos”.
El sociólogo, hijo de una pareja de judíos polacos, pasó la infancia y parte de la adolescencia en Polonia, pero sus padres huyeron del país tras la invasión alemana, en 1939, y se instalaron en la Unión Soviética. Bauman participó de lleno en la Segunda Guerra Mundial, combatiendo en las filas del ejército polaco controlado por los soviéticos, y trabajó para los servicios de información militares, en la inmediata posguerra.
“Viví en Polonia esos años”, cuenta el profesor. “Después de la Segunda Guerra Mundial el desempleo era masivo y el país estaba destruido. Entonces llegaron los que proponían entregar las tierras a los campesinos y las fábricas a los trabajadores, y generaron un entusiasmo enorme. La propuesta era trabajar juntos y reconstruir el país devastado. El programa era hermoso”, recuerda Bauman jugueteando con su pipa, que no acaba de tirar. La realidad resultó no serlo tanto. Y el viejo profesor no escatima críticas a la ideología en la que creyó. “Como sabe, hay dos clases de totalitarismos, el nazismo y el comunismo. Tenían bastantes similitudes, pero entre las diferencias hay una importante. Se le puede acusar al nazismo de infinidad de crímenes, pero no de hipocresía. Desde el primer momento, los nazis dijeron claramente lo que pretendían hacer. Querían dominar todos los países y asegurar la supremacía del III Reich, y aniquilar a los judíos, y es lo que hicieron. Mientras que el comunismo era una fortaleza de la hipocresía. El mensaje teórico se basaba en los lemas de la Ilustración,Liberté, Égalité, Fraternité, pero la práctica era muy diferente. La gente vivía mintiendo”.
—Usted ya no es comunista, pero sigue siendo de izquierdas.—Sí, porque creo todavía en la igualdad. Creo todavía que la libertées más importante que la seguridad. No había desempleo en la Rusia soviética. Había seguridad, acceso a una educación, a un sistema de salud básico, pero nada de libertad.—Usted ya no es comunista, pero sigue siendo de izquierdas.

—Y, sin embargo, usted mismo ha criticado a la izquierda por no ofrecer una verdadera alternativa a la sociedad actual.
—Es cierto. No hay un modelo de sociedad alternativo. La izquierda solo sabe decirle a la derecha, “cualquier cosa que hagan ustedes nosotros la hacemos mejor”. Cuesta distinguir entre Gobiernos de izquierda y de derecha, la verdad.
Y eso hace a las sociedades desarrolladas más homogéneas, intercambiables entre sí, definibles con el adjetivo de líquidas que acuñó el sociólogo polaco (con pasaporte británico) hace una década. Una definición perfecta para la sociedad posmoderna, consumista y banal, en perpetuo movimiento, en contraposición a la vieja y sólida sociedad del pasado. ¿Hasta qué punto esta sociedad líquida es la cumbre del capitalismo anglosajón?
Bauman reflexiona un momento antes de responder. “Hay muchas variedades de capitalismo. Es cierto que los anglosajones han creado un modelo que los demás países han imitado enseguida. Mientras, en los países escandinavos se pagan impuestos altos y, a cambio, la gente tiene excelentes servicios gratuitos, y han optado por recortar la libertad de mercado a cambio de más seguridad existencial, en Reino Unido se opta por la libertad total. Hay que gastar fortunas para obtener una educación, y hay que pagar médicos privados para tener buena atención sanitaria, es cierto. Estamos constantemente presionados por dos valores opuestos y necesarios: libertad y seguridad. Seguridad sin libertad nos convierte en esclavos, y si tienes libertad sin seguridad eres una especie de plancton, flotando por ahí, no un ser humano. Los dos extremos son insoportables, hay que combinarlos”.
Libertad y seguridad son los dos polos entre los que se mueven las alternativas políticas que se nos ofrecen en el mundo de hoy, marcado por la superproducción y los ajustes violentos del mercado. Un mundo que no reconocerían los padres de la economía moderna, como Adam Smith. “Es cierto. Tenían la idea de que el crecimiento económico era un fenómeno temporal, porque pensaban erróneamente que la gente iba a comprar solo lo necesario para cubrir sus necesidades. Así es que muy razonablemente calculaban los productos que tendrían que ser producidos. Todo era una monótona repetición de las necesidades de acuerdo con el crecimiento de la población. No se dieron cuenta de que en la sociedad de consumo no se va a las tiendas solo para reemplazar lo roto o lo consumido, sino a satisfacer los propios deseos. Y los deseos son infinitos”.
Las nuevas generaciones, crecidas en una atmósfera de consumismo brutal, inician su aprendizaje en el sistema desde muy temprano y, a menudo, en familia, como cuenta Bauman, atento observador de una de las sociedades abanderadas del consumismo, la británica. “George Ritzer llama a los centros comerciales templos de consumo. Los domingos por la mañana las familias británicas no van a misa, van al centro comercial. Y es la gran salida familiar de la semana. Van no solo a comprar, sino a disfrutar mirando, viendo lo que hay”.
Bauman quiere terminar la entrevista. Se siente fatigado. Escuchándole hablar una lamenta que alguien con su apasionante biografía haya renunciado a escribir sus memorias.
—Mi esposa escribió dos volúmenes de memorias. Era una persona que percibía el mundo en imágenes, pero yo soy persona de conceptos, y no, no me lo planteo. Ella era la que describía nuestras experiencias cuando íbamos a algún encuentro, y de esa forma yo he llegado a ser consciente de lo que vivimos. Tenía un gran talento para eso. Yo no lo tengo.

Zygmunt Bauman. ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos? Traducción de Alicia Capel. Paidós. Barcelona, 2014. 112 páginas. 13,95 euros. Vigilancia líquida. Traducción de Alicia Capel. Paidós. Barcelona, 2013. 173 páginas. 14,95 euros. La cultura en el mundo de la modernidad líquida.Traducción de Lilia Mosconi. Fondo de Cultura Económica. Madrid, 2013. 102 páginas. 13 euros. Sobre la educación en un mundo líquido.Traducción de Dolores Payás Puigarnau. Paidós. Barcelona, 2013. 151 páginas. 15,90 euros.

sábado, 22 de diciembre de 2012

THE GREAT SPANISH CRASH

¡Qué mal nos sienta que nos saquen las verdades! 
Claro que si no es así, el cinismo político y mediático lo cubre todo cual lluvia de caspa, impidiendo ver los frutos (podridos) del bosque en toda su magnitud. 
Esta vez ha sido la sacrosanta BBC quien ha tirado de la manta y a puesto cara, nombres y apellidos a una parte de los superchorizos "made in spain" que cual enjambres de estorninos pueblan todos los rincones del suelo patrio. 
Los directamente aludidos han tardado nada en salir a protestar y a pedir que nos dejen tranquilos con nuestra vobinería y nuestros acomodos, no vaya a ser que la calle hierva un poco más y se multiplique "el enemigo" por mucho. "No me soliviante más al personal que estoy a punto de cerrar unos negocietes sanitarios y educativos..."
A día de hoy, los British, que para eso son muy British, dicen que "mi no enchender eshhpanishh" y ale aquí va:

Algunas claves según: http://politica.elpais.com/politica/2012/12/21/actualidad/1356124203_744609.html

¿Qué imagen de España divulga la BBC?

La de un país en caída libre que ha pasado del vigor del crédito y la eclosión inmobiliaria a las largas colas de parados y donde se ha comenzado a perfilar una nueva cara de la exclusión: necesitados procedentes de clases medias que recurren por primera vez a la caridad.

¿Cómo presenta la BBC a la Comunidad Valenciana?

Como un ejemplo de mala gestión. La autonomía que preside Alberto Fabra se muestra como una tierra de “despilfarro” que creció al calor del boom urbanístico, la aquiescencia de las cajas “politizadas” como Bancaja y la CAM, y que ahora paga la factura de sus “excesos”. El documental repasa el desarrollo de obras como la Ciudad de las Artes y las Ciencias y el puerto de Valencia, sede de la Copa del América y la Fórmula 1. También muestra cómo es el Aeropuerto de Castellón, donde no aterrizan aviones. La ciudad de las grandes infraestructuras y eventos contrasta con la urbe de las carencias, que toma forma en un Colegio 103, un centro próximo al complejo diseñado por el polémico arquitecto Santiago Calatrava donde los niños estudian en barracones prefabricados.

¿Se ajusta la imagen de la Comunidad a la realidad?

Sí, pero con matices. El catedrático de Historia de las Instituciones Económicas de la Universitat de València y exconsejero de Bancaja Jordi Palafox considera rigurosa la secuencia de los hechos. Palafox, uno de los entrevistados, atribuye al conflicto de intereses de las cajas a parte de los problemas que atenazan a la Comunidad. El presidente de la Unió de Periodistes Valencians, Joaquim Clemente, admite que la autonomía fue el escenario de las malas prácticas, pero también que es posible encontrar otros casos de despilfarro en España.

¿Son ciertas las cifras y hechos relatados?

Todas las fuentes consultadas aseguran que sí. Solo cuestionan que la autonomía sirva como ejemplo de la crisis. La información proporcionada por la BBC procede, en parte, de los datos de Xarxa Urbana, un colectivo de periodistas que recopila información de medios de referencia como EL PAÍS.

¿Es serio el formato del documental?

Sí. El presidente de la Unió de Periodistes Valencians, Joaquin Clemente, defiende el programa aunque hubiera preferido un espacio más analítico como el estadounidense 60 minutes para abordar el fenómeno, así como una mayor diversidad de opiniones. Sólo aparece un representante del gobierno valenciano, el consejero de Economía Máximo Buch. Enric Morera, portavoz de Compromís en las Cortes, celebra la emisión. “Lo critican hoy, que acabamos de saber que el canon de la Fórmula 1 de Valencia nos costó 26 millones de euros”, apunta. Uno de los entrevistados destaca la “profesionalidad” del equipo de la BBC pilotado por Paul Mason.

¿Es la primera vez que aparece la Comunidad Valenciana como un ejemplo del despilfarro en un medio internacional?

No. Una audiencia internacional de 170 millones de espectadores ya conoce el Aeropuerto peatonal de Castellón o los costes de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, según el colectivo de periodistas Xarxa Urbana, que ha colaborado con los reporteros que han emitido desde mayo reportajes similares en televisiones de Francia, Dinamarca, Japón Catar (Al Jazeera). De hecho, la cadena alemana privada Sat 1 emitirá un documental similar en breve. “Los periodistas extranjeros se sorprenden por las dificultades para acceder a la información de la Generalitat o la prohibición de grabar en colegios”, explica el coordinador del citado colectivo, Miguel Ángel Ferrís. Junto a las televisiones, diarios, como los alemanes, como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, han tratado el fenómeno.

¿Qué ejemplos toma el documental?

El caso más concreto es San Miguel de Salinas, una población alicantina de 8.000 habitantes con presencia británica, que se muestra como una maqueta del país. Desempleados, ancianos, pensionistas denuncian la “gravedad” de su situación. Una mujer se queja de que si paga el alquiler, no puede comer. Otra dice que no puede alimentar a sus tres hijos. Una familia donde nadie trabaja se lamenta de que “tiene que pagar” por la Formación Profesional. Y un corrillo de jóvenes, víctimas del parón laboral de la construcción, confiesa que vive gracias al colchón familiar. A las afueras de San Miguel de Salinas se presenta una urbanización fantasma, donde una fila de unifamiliares sin vender revela las consecuencias del desplome inmobiliario y el crédito fácil. Se aborda también la ley urbanística que otorga a los ayuntamientos poder en la gestión del suelo, “una fuente de corrupción”, según los expertos.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Together - Juntos




"JUNTOS. Cómo las cooperativas resisten mejor a la crisis" es la versión adaptada al español del documental TOGETHER. El documental, que ha sido producido por CECOP - CICOPA Europe en el marco del Año Internacional de la Cooperatives, 2012, muestra la resistencia de las cooperativas a la crisis a través de los testimonios de los trabajadores de cuatro experiencias cooperativas europeas de Francia (Fonderie de l'Aisne), Polonia (Muszynianka), Italia (Consorzio SIS) y España (Corporación MONDRAGON). 
La versión española ha sido financiada por COCETA, la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado. 

Más información aquí: http://www.together-thedocumentary.coop/#!home/BlankPage_0

sábado, 3 de noviembre de 2012

Posteconomía


Entrevista con Antonio Baños: "Estamos viviendo la revolución de los ricos"

El periodista y escritor publica 'Posteconomía. Hacia un capitalismo feudal', un ensayo humorístico sobre lo que puede pasar si no hay resistencia ante la "dictadura" económica.

"La economía ha reventado, ha agotado sus fuerzas, y con tanto trajín es incapaz de explicar la porción de realidad que se le había asignado". El escritor y periodista Antonio Baños (Barcelona, 1967) describe en su último libro, 'Posteconomía. Hacia un capitalismo feudal', la muerte de la economía tal y como la conocíamos hasta ahora. Una economía que, pese al paso del tiempo, retrasa en lugar de avanzar y retrotrae a la sociedad a una época pasada. Baños la llama Nueva Edad Media (NEM): "Se trata de describir un paisaje que nos sirva para comprender el nuevo mundo que se está conformando ante nuestros ojos. Una sociedad señorial, basada en estamentos más que en clases. Profundamente dogmática, [...] una sociedad creyente en una teocracia econócrata, donde el beneficio, el fantasmagórico crecimiento, la veloz circulación de dinero y el eterno aumento de beneficios sean los mandamientos sagrados. Un mundo en el que la academia abandone su lugar crítico para adoptar el papel de respaldo intelectual de las élites, como hiciera la Iglesia en su día".

¿Qué es la posteconomía?

Es lo que viene después de la economía que hemos conocido hasta ahora, una ciencia social que tenía unos instrumentos de análisis, un discurso, una concepción del mundo y una doble función: la normativa para describir el mundo y la prescriptiva para cambiarlo. Era una ciencia como cualquier otra, más o menos pomposa o irritante, pero servía para cambiar las cosas. Pues ahora ha colapsado. Los economistas ya no saben prever qué es lo que va a ocurrir. Ni siquiera saben describir los fenómenos que pasan mucho y mucho menos controlarlos. La economía ya no puede retratar el mundo que propone. Ha sido superada por los acontecimientos y por ella. Se convierte entonces en posteconomía. Lo que hace es dictar a la gente. Les dice lo que es posible lo que no. Les indica cómo vivir. Antes te decía: “No, no, deberíamos hacer esto por una serie de motivos racionales”. Ahora te dice: “Hay que hacer esto. ¿Por qué? Porque soy la posteconomía”. Es el paso de la ciencia social a la teología. Yo lo llamo la muerte de la economía.

En el libro la define como una dictadura teocrática. ¿Cuál sería el dios?

Ellos mismos. El problema es que un dios cristiano te putea pero luego al menos te deja ir al paraíso. Este te putea y ya. Luego solo hay muerte, no te ofrece ninguna redención. Esta teología es como un pastor de ovejas. Te marca los límites, acota la realidad, lo posible. A mí me llama la atención esa frase que utilizan muchos economistas y políticos: “Esto es inimaginable”. Es muy bestia esa palabra. ¿Cómo que inimaginable? Define muy bien a estos nuevos sacerdotes posteconómicos. Ellos determinan no solo lo que se puede vivir, sino ya lo que se puede imaginar. Por eso son sacerdotes, sobre todo porque no dan explicaciones. Simplemente debes hacerlo. Es igual que otra de las frases rectoras de la crisis: “Hay que hacer los deberes”. ¿Qué deberes? ¿Quién me los ha puesto? ¿Quién pone la nota? ¿Puedo copiar? “No no. Obedece y calla”.

Eso de arrimar el hombro.

Es el discurso propositivo. La barbaridad esta de reinventarse. “Si estás mal, la culpa no es del sistema, es tuya que estás mal adaptado”. Reinvéntate y adáptate mejor. Es el castigo del pensamiento positivo, justo lo contrario al pensamiento crítico. Yo no tengo que cambiar. El sistema es injusto, es él el que debe cambiar. Son todo formas teológicas, sin argumentos detrás. Has de arrimar el hombro, no criticar. “Con la que está cayendo y te pones a criticar en lugar de remar con los demás”. Son todo metáforas contra las que no puedes apelar. ¿Tengo que remar yo en las galeras? Allí todos remaban juntos y no era muy bueno... ¿Me van a pagar por remar? ¿Podré levantarme si no me gusta el lugar al que nos dirigimos?

Habla de “ellos”. Una expresión que se parece a esa de “los mercados”. ¿Quienes son ellos?

Juego un poco a eso. ¿Ellos? Son los malos. Como se niegan a definirse, yo hago lo mismo. El otro día leí, por ejemplo, una noticia que decía: “Los empresarios exigen a Hollande...” Pero, ¿quienes son? ¿Quién les ha dado autoridad? El hecho de que tengas la Renault no te debe dar autoridad para decidir el rumbo de una República. Ellos mismos se definen de forma nebulosa.

La soberanía ha pasado a ser económica y empresarial.

Es el capitalismo feudal. Pero siempre ha sido así. Los ricos son los que han hecho las leyes. Pero al menos antes hacían leyes. Gobernaban y tenían la decencia de hacer leyes. Ahora se las saltan, les da igual. Es un paso más del autoritarismo. No necesitan la carcasa de una democracia burguesa y parlamentaria. Ya ni siquiera necesitan el lobby sobre la política, ¡son los mismos políticos! El mito de la puerta giratoria: el político que se va de la política y luego asesora a Endesa, o el tipo de Lehman Brothers que ahora es ministro de Economía. La ficción del millonario en la sombra ha desaparecido. Ya tocan el poder. Se sienten tan poderosos que ya no necesitan ni esconderse tras formalidades democráticas. “Mandamos y ya. Obedece. Se acabó lo de poner partidos”.

En uno de los capítulos recuerda una frase de Nancy Pelosi, expresidenta de la Cámara de Representantes de EEUU: “La fiesta se ha acabado” ¿Cómo será la resaca?

Lo peor es que ni nos han invitado a la fiesta. Yo no estuve en el yate, ¿por qué tengo que recoger los platos? “Vomito yo, limpias tú”. 

Pero Pelosi se refería a Lehman Brothers.

Sí, pero en el libro recuerdo también otra frase parecida, pero del lado contrario. De Isak Andic, el fundador de Mango: “Los derechos se han acabado. La fiesta se ha terminado y hay que pagarla”. Es obsceno hablar de la fiesta. ¡La gente está empezando a suicidarse!

Escribe sobre el manifiesto que firmaron en su día economistas de la Sorbona, que defendían que la economía debía centrarse en las personas y ya no lo hacía. Se puede relacionar con lo que ha sucedido aquí en España con las cajas de ahorros. ¿Cómo se puede traer a la economía de vuelta?



En la Sorbona lo llamaban la economía postautista. ¿Cómo traerla de vuelta? Metiéndole de nuevo moral a los actos económicos. Antes de la invención de la economía, había cosas que eran pecado, como la usura. Hay cosas que son inmorales. Pero ahora parece que cualquier cosa que dé beneficios deja de ser inmoral, porque el beneficio en sí mismo es un bien por encima de todo. Eso es lo que defiende el capitalismo. Hasta aquí hemos llegado. La manera más eficaz de traerla de vuelta es volver a meterle moral. Hay intercambios que no se pueden hacer, mercados que no pueden existir. Por ejemplo, no puede existir un mercado global sobre las materias primas. No digo regularlo, directamente no puede existir.

Pero, ¿quién será el que establezca esa moral?

Se trata de una moral natural. Es cierto que va un poco a contracorriente. Si ya el derecho a la vida se pasa por el forro, si ya cuando no tienes un papel de residencia puedes morirte en la calle... Imagínate moralizar las prácticas económicas. Hablo de una cierta moral natural. No se puede hacer algo que por un beneficio proporcione unos daños irreparables a terceros. No se puede matar a nadie para ganar dinero, es un asesinato. Hay que reeditar la idea de moral. Es lo que decía el manifiesto de la Sorbona y la llamada economía crítica: no puedes hacer economía sin historia, sin sociología. Y no se puede hacer economía sin ética.

¿Deberían los bancos hacer frente a una responsabilidad penal en el tema de los suicidios por desahucios?

La culpa penal la tienen ya antes del suicidio. Aunque sin leyes explícitas en ese sentido no sé qué se podrá hacer. Como decía antes, la usura había sido pecado hasta 1830. Pues que vuelva a ser pecado. No se puede exigir a una persona que no puede pagar su deuda, que haga frente a más deudas y además se le eche de casa para que esta pase a un banco malo. Es que además todo esto está en el artículo 47 de la Constitución: derecho a una vivienda digna. Si se cumpliera, no habría que tocar una coma en ningún sitio. Bastaría con que la Policía, en lugar de ir hacia dónde va, se diese la vuelta y fuera en la otra dirección. Es decir, en lugar de ir del banco a la casa, fuese de la casa al banquero. Pero no lo va a hacer ni se la espera. No sé como pueden dormir tranquilos después de los desahucios.

¿Se ha vivido realmente por encima de nuestras posibilidades?

Técnicamente no se puede vivir por encima de posibilidades que no tienes. Es una frase muy fea e insultante. Lo que pasó es que nos hicieron creer cosas que no eran verdad. “Nadie te obligó a coger aquella hipoteca”, insisten. Eso es mentira porque nadie me obligó tampoco a amputarme el pie. Fue el médico el que me lo dijo. Yo no reconozco al médico como un igual, sino como una autoridad. Yo fui al banco no a tratarlo como un igual, sino pensando que era una autoridad en la materia. Confié en su honestidad, en que trabajaban por mi bien, por el cliente. El fraude no es tuyo por haberte endeudado de más, es del banco por haberte mentido y engañado. Si hemos vivido por encima de lo que podíamos pagar ha sido porque alguien nos dijo que no pasaba nada. No es que haya una culpa colectiva. Luego vale, sí es verdad que surgió un poco eso de ver quién tenía el Audi más grande... Pero son derivados. Era el banco el que no debía dar créditos si no ibas a poder pagarlos. O decirle a aquella jubilada ciega de Galicia que no invirtiera en eso. Pero no lo hicieron. La culpa no es de ella, sino de la persona que engañó. Es como si un médico te quita un riñón y te dice que no pasa nada, que aún tienes otro. Es mala praxis y se le metería un puro. Todavía estoy esperando a que metan a alguien en la cárcel. Y no solo a un banquero, también a un bancario.

¿Pasará?

Igual de aquí a unos años meten a alguien en la cárcel si la cosa se caldea demasiado. Pero a toro pasado y solo para enfriar una posible agitación social.

Ha escrito el libro sin gráficos, datos. De hecho, dice que debe tomarse como una especulación. ¿El objetivo es despertar el pensamiento crítico?

La idea es rescatar la economía o el pensamiento económico de los economistas ortodoxos o postcapitalistas. Lo tienen todo cerrado en la oscuridad. A partir del dato, la gráfica, la palabra técnica o la metáfora interesada, han secuestrado la realidad económica. Solamente ellos la gestionan, la interpretan, la transmiten. La idea que tenía era la de no usar sus armas. Si uso gráficas estaría utilizando las armas del enemigo. Los gráficos los generan ellos y solo les interesan a ellos. Quería sustituirlos por un lenguaje cómico y metáforas nuevas.

¿Hace falta más humor para sobrellevar esto?

Yo siempre que alguien en una discusión dice eso de “venga, seamos serios”, cojo y me voy. Si un argumento aguanta la broma es que no es válido. Como el lenguaje económico siempre es serio quiere decir que es falso. Si no se puede someter al humor es que se vende mal. Si alguien no puede explicar algo de forma que lo entiendas, es que no es verdad. Todas las verdades se pueden explicar de forma comprensible. Lo del humor es precisamente porque es lo contrario que se espera de los economistas. Y también un poco por recuperar la temática económica para el cachondeo. Hay que darse cuenta de que la economía también es nuestra.

Cito un fragmento de su libro: “Como Norma Desmond, una vieja gloria del cine mudo que fue desplazada por el sonoro, la economía ha empezado a delirar: crea modelos matemáticos cada vez menos realistas, imagina sistemas que nunca podrán aplicarse y se ensimisma hablando un extraño lenguaje que ni siquiera entre sus lunáticos fans es ya comprensible”. ¿Cuál es ahora el cine sonoro?

Esta posteconomía chillona. Todo es un show casi futbolístico. Parece que estemos escuchando Carrusel Deportivo: sube la prima, baja la prima... En el fondo se trata de intoxicar mediante superabundancia de mensajes.

“Hay un proyecto, quizá inconsciente, de manufacturar ciudadanos que no sean malos, pero sí tontos”. Un fragmento de una columna de Eduardo Mendoza que retoma en el libro.

Exacto, que sean sabios pero tontos. Miguel Brieva -ilustra la portada del libro- decía que cada vez le dan más espacio en los telediarios al tiempo. Pero es que hasta la información económica es meteorológica: la que está cayendo, las oleadas... E insisto, también tiene que ver con la información futbolística: a veces se gana, a veces se pierde, mal resultado, una prima que se puede remontar... Hay una mezcla perversa del lenguaje y de los mensajes. Se analiza absolutamente todo para que nada sea importante. Además está la educación en el entretenimiento. Hemos llegado al punto de ver un temporal, cambiar, ver la prima, cambiar, ver el fútbol, cambiar... Todo son colorines.

¿Y ahora mismo el mapa es solo de borrascas?

Sí, pero es que podemos ver un mapa del tiempo casi como si fuera la bolsa pero sin trascendencia. Son colorines, datos.

¿Vendrá algún anticiclón?

Tendría que llegar en forma de resistencia. Siempre ha habido ricos, pero es que siempre ha habido también resistencia a esos ricos. Y algunas muy poderosas y constantes. El movimiento obrero. Aparecía una realidad, aparecía una resistencia. Lo que ahora me da miedo es que la nueva realidad, infinitamente más opresiva, no ha generado una resistencia en proporción, sino una aún débil y un poco despistada.

¿Despistada?

Nos han despistado, mareado.

¿Nos hemos dejado despistar?

Hemos dejado que todo fuera banal. Antes de la crisis, si ibas a un bar y hablabas con alguien de política te echaban.

Pero eso sí ha cambiado.

Ojalá no sea solo una cuestión de trendy y que se haga solo porque ahora se lleva la política. Quiero decir que se había banalizado todo tanto que tu propia vida no tenía un sentido por sí misma, sino según la tendencia del momento. No había una preocupación real. Nos habían dicho que todo iría bien. No se puede culpar a la gente de que le han robado la educación, pero sí de no haber sabido transmitir los valores de la cultura de la resistencia, de desconfianza al poderoso. Llegó un momento en que el rico era el bueno.

En España está eso de la Cultura de la Transición (CT).

El término lo inventó Guillem Martínez, un amiguete. Es una idea muy chula. Después de la Guerra Civil se dijo: “Bueno, anulemos la política y disfrutemos, que venimos de una guerra”. ¿Para qué vas a pensar en justicia social si puedes comprarte un Audi? Entonces parecía razonable. ¿Voy a dedicarme al estudiar el marxismo si puedo estar en La Manga del Mar Menor? Lo peor es que les funcionó. Se instaló la exaltación del consenso, que parecía bueno pero significó el exilio absoluto del disenso. Si todos estaban de acuerdo más o menos en una cosa, como la cultura del consenso era tan extensa, se hacía. Ahora nos hace falta gente que diga que no, que disienta, que no pase.

¿Hay que ser intolerante a veces?

No debes tolerar que contigo hagan cosas que no deben. Si todo es consenso, falta disenso. Volvemos al pensamiento crítico. Y en España claro, como las ideologías trajeron la guerra, pues vamos a pasar de ellas.

¿Falta educación económica?

Más bien política. Yo vivo en un barrio en Sant Andreu que era muy obrero. Había un montón de ateneos obreros entonces para la autoeducación obrera. Lo que falta ahora es justamente eso: educación política y social. Eso que llamaban afectos, sentir que uno pertenece a una comunidad política. Esa es la cultura que falta también. Tú no eres Gandía Shore o Jersey Shore, eres el crío de un currante. Solo asumiendo eso nace la solidaridad entre asalariados, entre explotados, los verdaderos valores. La educación económica ya vendrá después. Al fin y al cabo, la economía consiste en que no te roben. Con eso ya vale.

Pero eso determina la existencia de un problema sistémico, que hay alguien que quiere robar.

Pero al menos así generas una resistencia. Te alías, creas un sindicato.
Termina el libro al grito de “a-anti-anticapitalista”. ¿Qué sistema deberíamos tener que no fuese el capitalismo?

Justamente ese, el anticapitalismo. Caemos mucho en el error de pensar ya en otro sistema. Yo no quiero proponer otro sistema. Cuando te están pisando el cuello, lo que quieres es que te dejen de pisar el cuello. El problema es que todo lo anti está mal visto. “Has de ser pro”. Volvemos de nuevo a lo del disenso. Yo disiento del sistema y no tengo por qué proponer otra cosa, simplemente quiero que me dejen de pisar el cuello. Y luego ya hablaremos. En el libro pongo los ejemplos del antinazismo y del antiesclavismo. Cuando Europa estaba ocupada por los nazis a nadie se le ocurría preguntar qué otra cosa proponíamos en lugar de los nazis. No, había que acabar con el nazismo. Igual con el esclavismo. En algunos países, España por ejemplo, el esclavismo representaba el 50% del Producto Interior Bruto (PIB). ¿Te imaginas que alguien dijese ahora que no podemos poner fin a un sistema que representa la mitad del PIB? Entonces también se dijo que sería una ruina, pero había que eliminarlo. Luego ya encontraremos otras maneras de producir. Lo que pido es que el anticapitalismo no se reduzca al perro, a la flauta y a la rasta. Un señor de derechas y de misa diaria debería ser un anticapitalista. Lo mismo un liberal. Hasta un católico.

En la acampada del 15M había un cartel desde el principio que decía: “No somos antisistema, el sistema es antinosotros”.

Es que la revolución la están haciendo ellos. Ellos son los revolucionarios. Ellos han roto las reglas. Ellos se han cargado la democracia. Se han sentido fuertes. Ellos son la revolución, nosotros los reaccionarios. Estética e intuitivamente es raro porque todos creemos que la revolución ha de venir siempre del pueblo, pero ahora estamos viviendo la revolución de los ricos. Tienen el lenguaje, la épica y el entusiasmo de la revolución. Por eso son tan rápidos y tan fuertes. Se sienten revolución. Si ves declaraciones de brokers parece que viven en la Revolución Francesa. Sienten que están creando un mundo nuevo. Nos ha costado mucho entender ese paisaje. Antes pensábamos que era el obrero el que debía quitarle el Mercedes Benz al rico. Pues ahora resulta que el rico se baja de su Mercedes Benz, te roba el Opel Corsa y se va con los dos. Nunca pensamos que pasaría.

¿Qué mas debe pasar para que que se produzca el verdadero estallido social?

El escritor Montero Glez decía que solo había dos soluciones: huelga general o huelga general revolucionaria. ¿Qué tiene que pasar? Yo estoy ahora con el viejo adagio comunista de cuanto peor, mejor.

Pero, ¿qué sería peor que lo que ya hay?

No, no que estemos peor nosotros, sino que debemos crear un clima de empeoramiento, de tensión. Hay que romper algo. Es lo de la CT, como la mierda del consenso no te deja plantarte, hay que ser radical. Ahora es que llaman radical a un tío que se sienta y no se deja coger por un policía. Incluso va a ser delito. Si no hay cierto, y entiéndaseme bien, temor por parte de los dominantes, nunca aflojarán su dominio. Con temor me refiero a que deben temer por algo. No digo secuestrar a sus hijos... Porque básicamente no hay pisos para guardarlos [bromea]. Debemos hacer algo para que sientan que no va a ser fácil. Amenazarles con algo. Puede ser una huelga de consumo o hasta una desobediencia a ver la televisión. Pero que sientan que pueden perder algo en esta lucha.

¿Puede ser que la gente aún no salga a la calle por temor?

Es muy normal. ¿Estás tú dispuesto a chuparte unos meses de cárcel? ¿O a pagar una multa de 6000 euros? ¿Y yo? ¿Estoy dispuesto a hacerlo? Todos los movimientos revolucionarios han triunfado después de que miles de personas pasaran por la cárcel. Estaban dispuestos a ello. O a que les multaran, que les expulsaran de sus facultades.

A morir, incluso.

Mejor no ponerse dramáticos, pero sí, incluso dispuestos a morir. Se supone que en este siglo no pasará algo así. Pero sí pueden perder su trabajo. No hay que ir muy lejos ni ser tan heroico. Hace poco leí un artículo que analizaba cómo podíamos compaginar nuestra militancia con nuestro horario normal. El rollo ese de que las manifestaciones sean después de nuestros compromisos de gimnasio. No es culpa de nadie, es un clima normal, pero hay que resistir, sobrevivir. Y tenemos que empezar a pensar hasta dónde somos capaces de llegar para ello. Ver si estamos dispuestos a asumir autoinculpaciones, cajas de resistencia.

El otro día ya se dijo que habría una caja de resistencia para pagar las multas.

Es lo que hay que hacer. Y nos pegarán. Pero intentaremos que nos peguen por el lado en el que no está el hígado. O llevaremos cascos. No podemos decir eso de si nos pegan, no vamos. O si nos ponen multas, tampoco. Hay que entender que la exposición ha de ser física y personal porque eso acojona al que manda. Si tú no tienes miedo, ellos no tienen poder.

¿La reacción ha de ser pacífica o debe contener violencia?

Es que ellos ya consideran que un simple estornudo es violencia. Si lo que ellos llaman violento lo es, entonces sí hay que ser violento. ¡Mover una valla es radical y violento! Lo que sí es verdad es que una buena resistencia debe quebrar las leyes, ser ilegal. Debe acarrear exposición de vida y hacienda, que decían antiguamente.

¿Acabarán las cosas bien?

A largo plazo estaremos todos muertos, decía Keynes. Pero sí depende de nosotros, de la resistencia ahora. Todo lo que hemos perdido no lo vamos a recuperar tan fácilmente. La idea de que cuando pase la crisis, la sanidad volverá a ser pública... Olvidémoslo. Ni la educación será como antes. Ni siquiera habrá una socialdemocracia potente para hacerlo.

¿Habrá que rehacer el camino andado?

Es la historia de la lucha obrera. Idas, venidas, victorias, derrotas.

La lucha de clases.

Pero a saco. Militancia a tope. Lo que pasa es que ahora las clases son diferentes, ya no podemos hablar de burguesía y proletariado. Ahora el proletariado somos casi todos. Y la burguesía ya no es intermedia, son poderes muy complejos, el Estado mismo. Pero hay lucha de clases claro. En el libro recuerdo aquello que dijo el multimillonario Warren Buffett: “Claro que hay lucha de clases, la empezamos nosotros y vamos ganando”. Pues es verdad, ellos han empezado ahora. Y sí, van ganando.


sábado, 27 de octubre de 2012

Don Felipe el limosnero


por Aníbal Malvar. En diario Público, 27 oct 2012

Andan los agoreros dando la barrila catastrofista con que hay seis millones de parados, cuando lo bonito de la semana es que España ha dado muestras, una vez más, de que es un país culto y refinado. Tome nota Angela Merkel, que solo lee la versión Standard&poors&more poors de Mein Kampf.

Mientras los mercados nos empobrecen, el gobierno cuela en los presupuestos 60.000 millones más para la banca, los desahuciados se suicidan, los inmigrantes se ahogan, los catedráticos se mileurizan, los estudiantes se sublevan y los indignados, que ya somos todos, rodean el Congreso, en España encontramos tiempo para el remanso cultural, para la contemplación azoriniana, para lo deportivo, lo caritativo, lo almidonado, lo monárquico y lo biempensante en los premios Príncipe de Asturias. Y dinero. También encontramos dinero. Porque estos premios rondan los seis millones de euros de presupuesto. Unos pocos desahucios se evitarían.

Pero valió la pena. No conozco a un solo ciudadano español que no se tragara ayer, con lágrimas desde los ojos hasta el ombligo, la ceremonia de entrega de los premios. Y el cóncavo y poscontemporáneo discurso de Felipe el Limosnero, que abordó con valentía, y sin concesiones al tópico, la descripción de nuestros años de monarquía parlamentaria. “A lo largo de estos años de democracia, todos juntos, hemos acumulado un patrimonio extraordinario”, confesó quizá pensando en su padre y en su cuñado. Aunque después, sin sonrojarse apenas, matizó que tal patrimonio era “de libertad, de respeto y de civismo”, que debe ser una divisa impresa en los billetes de 500€, esos desconocidos que solo viajan en maletines destino Suiza, Islas Caimán, Delaware, la casa de Isabel Pantoja y así.

Jalonando el florido discurso de nuestro barbado príncipe, vinieron los premios. Futbolistas, escritores, arquitectos, gentes, etcétera. Pero, sobre todo, entidades vinculadas al mundo de la caridad. Cruz Roja, Banco de Alimentos y Media Luna Roja.

En España, desde los tiempos en que las marquesas ordenaban hacer ganchillo a sus sirvientas para donar bufandas a los pobres, la caridad ha sido un gran motor de nuestra economía. Hoy media España vive de la caridad, debe constituir ya el 20% de nuestro PIB, y esta semana nos hemos enterado de que Amancio Ortega ha donado, sin publicidad, 20 milloncitos a Cáritas. Eso sí, después de haberse ahorrado, también sin publicidad, más de 200 millonazos en impuestos con el truquito de cotizar por medio de Sicavs. Que una cosa es desbordar solidaridad y otra ser gilipollas. Bendita España de las oportunidades, que diría Don Felipe.

Uno, en su cortedad, cree que tampoco hubiera estado mal darle el premio a Stop Desahucios, o a 15MPaRato, o al movimiento 15-M en general, pues han evitado miles de desalojos en España, han asesorado legalmente a miles de arruinados y seguramente hayan salvado a unos cuantos cientos de suicidas. Pero bueno. Se comprende que no se lo den porque no son profesionales. Son perroaflautillados. Y tampoco lo hacen por caridad, sino por cambiar el mundo. Y eso de cambiar el
mundo, me huele a mí, a nuestros príncipes de Asturias no les viene del todo bien ahora en octubre.

No quiero con todo esto menospreciar el sacrificio de los cooperantes de las instituciones premiadas, con quienes he tenido el honor de trabajar en lugares bastante poco confortables jugándose (ellos) la vida. Pero la caridad inmovilista es solo limosna. Y limosna es lo poco que el rico te devuelve de lo que te roba. Y aleccionándote, lo que es peor, para que no te lo gastes en vino.

En resumen, que los Príncipes de Asturias han estado muy dedicados a los pobres y, por tanto, a la cultura, porque, en este sistema esclavista que estamos construyendo con el esfuerzo de todos, solo los pobres y los parados tienen tiempo para leer y para ir a la ópera. Y así es como se construye una nación verdaderamente culta. Que la gente tenga tiempo.

Por cierto. Vi la entrega de premios en el canal 24 Horas. Hubo un momento en que se oyó como un rumor de multitudes gritando: “La España real no tiene nada que celebrar”. Enseguida se apagó el ruido, e inmediatamente imaginé que la televisión pública había silenciado a los gritones porque eran de la ETA. ¿Alguien me lo podría confirmar?

¿Cuánto es suficiente?


"El capitalismo incrementa los deseos pero reduce la posibilidad de satisfacerlos"

El economista y biógrafo de Keynes, Robert Sikidelsky, lanza junto a su hijo, Edward, el ensayo  '¿Cuánto es suficiente?'  Una obra que reflexiona sobre los usos de la riqueza, la naturaleza de la felicidad y propone alternativas para conseguir una “vida buena”




En 1930 el economista estadounidense John Maynard Keynes escribió Las posibilidades económicas de nuestros nietos, una especie de ensayo-pronóstico en el que el reputado economista predecía que en el año 2030 las sociedades industrializadas habrían progresado tanto que la mayoría de sus ciudadanos se dedicaría fundamentalmente al ocio con una jornada laboral de apenas 15 horas semanales. 82 años después de aquel vaticinio resulta evidente que el economista estaba equivocado. La mayoría de la sociedad no sólo no vive como Keynes predijo sino que ve como su nivel de vida y sus posibilidades de mejorar van disminuyendo.
Partiendo de este erróneo pronóstico, Robert Skidelsky, el economista y biógrafo de Keynes, ha publicado junto a su hijo, profesor de filosofía, el ensayo ¿Cuánto es suficiente? (Editorial Crítica) Una obra en la que reflexionan sobre el uso de la riqueza en la sociedad occidental actual, la naturaleza de la felicidad humana y que propone alternativas reales para tratar de acercar a la sociedad a la “buena vida” que pronosticó Keynes.
En la obra, ustedes afirman abiertamente que el sistema capitalista actual nos está conduciendo a más desigualdad y más pobreza. El ciudadano que se da cuenta de esta realidad pero qué no sabe como analizarlo ni por donde enfocar el problema, ¿sobre qué ideas o puntos debería reflexionar para tratar de buscar soluciones?
Robert Skidelsky: El ciudadano debe reflexionar sobre dos cuestiones diferenciadas: ética y política. En lo referente a lo ético, el capitalismo ha conseguido producir cada vez más riqueza pero esta riqueza se está distribuyendo de forma cada vez menos igualitaria y aquí tenemos el problema ético sobre el cual reflexionar. Todos necesitamos cierto nivel de riqueza para conseguir una buena vida, pero ¿qué es una buena vida y qué nivel de riqueza necesitamos? Por otro lado, hay que reflexionar sobre la cuestión política. ¿Cómo organizarnos para qué esto ocurra?

Edward Skidelsky: No pensamos que el capitalismo de lugar a pobreza y desigualdad obligatoriamente. No estamos de acuerdo con Marx en esto. Pensamos que en una sociedad democrática se pueden hacer muchas cosas para evitar la pobreza y la desigualdad.
Robert: Marx plantea una cuestión muy profunda. Él dice que el capitalismo no se puede reformar porque la base del sistema es la explotación del hombre y cada vez que se reforme dará lugar a una crisis. Sin embargo, sí se han visto casos de capitalismo reformado que han funcionado bien como los modelos europeos durante muchos años. Actualmente, los modelos que vemos en Estados Unidos, Inglaterra o España vemos que no funcionan.
“El Estado está promoviendo la insaciabilidad económica de mercados e individuos”
 Para conseguir un modelo de capitalismo que no conduzca a más pobreza y desigualdad ustedes hablan de tres reformas básicas: instauración de una renta básica, reducción sobre la presión del consumo y la reducción de la publicidad. ¿Con estas tres reformas el sistema resultante sería llamándose capitalismo?
Robert: Un tigre y un gato son la misma especie, un felino. El capitalismo sin control es un tigre y un capitalismo controlado es un gato. Por otra parte, se puede decir que nosotros no estamos abogando por un sistema socialista sin propiedad privada y libre comercio. Si piensas que el capitalismo como sistema está diseñado para la acumulación del capital llega un momento en el que has acumulado tanto capital que ya no necesitas acumular más, entonces cómo llamamos a este momento, ¿el final del capital? Al fin y al cabo, no siempre estaremos viviendo el mismo sistema.
En el libro plantean la de la insaciabilidad del ser humano como uno de los problemas de este capitalismo sin control. ¿Creen que el ser humano puede superar esta insaciabilidad y que el sistema deje de buscar la acumulación de riqueza sin fin?
Edward: La insaciabilidad del ser humano sí puede dirigirse hacia otros elementos que no sean el dinero. Se puede también ser insaciable de dinero, belleza o poder. Hay formas de insaciabilidad que hay que desanimar y evitar y guiar al ser humano hacia formas de insaciabilidad que son buenas.
Robert: Hay insaciabilidades que son buenas como decía Robert. Esta no siempre tiene por qué ser de dinero. De hecho, la insaciabilidad por el dinero antes no existía porque hubo épocas en las que no había dinero.
Cuando habla de desanimar la insaciabilidad de acumulación de riqueza, qué actor debe promover esas barreras? ¿Se refiere al Estado?
Edward: El Estado y los individuos de manera individual. Las personas deberían ser las que se guiaran hacia una insaciabilidad buena e intentar desprenderse de la necesidad de acumular dinero. No obstante, los políticos deberían establecer las bases para hacer más fácil que los individuos se orienten hacia otros tipos de insaciabilidad. En este aspecto, ambos actores serían deseables para que el sistema funcionara porque el Estado actualmente crea necesidades de consumir a los ciudadanos.
Robert: Uno de los mayores mitos que tenemos que sufrir es que el Estado es neutro. Pero sucede que cuando se reclama la actuación del Estado para poner barreras a la insaciabilidad aparecen los liberales [económicos] y niegan esta participación porque se rompería la libertad de elección del mercado o la neutralidad del Estado. Pero no es así. En realidad, el Estado está promoviendo la insaciabilidad económica de los mercados y los individuos y nos empuja hacia ella. Un ejemplo más: el Estado regula la publicidad, ¿por qué no promueve una publicidad diferente a la de consumir productos todo el rato?
Edward: Hemos recibido críticas que nos acusan de no estar a favor del libre mercado y nos preguntan pero ¿el mercado no te deja libre elección? Nosotros contestamos que sólo existe libre elección entre los bienes del mercado y no con los que no están dentro del mercado. Por lo que, efectivamente, no hay libre elección.
"Si sólo podemos elegir los bienes que están dentro del mercado, no hay libertad de elección"
Ustedes abogan y cito textualmente: “por una economía orientada a hacer realidad los bienes básicos de la sociedad” y “quitar el poder a los empresarios de fijar los horarios de trabajo y los términos”. En el pensamiento dominante actual, estas dos afirmaciones serían calificadas por muchos pensadores y economistas como de anti sistemas o comunistas.

Robert: Los que nos pueden acusar de esto, directamente, ignoran la historia. El Estado ha estado interviniendo en la sociedad, en la economía y en las condiciones del trabajo desde el siglo XIX. En 1830, el Estado decidió que los niños sólo podían trabajar 12 horas al día. Después, llegó otra ley que prohibió del todo el trabajo infantil. Actualmente, el número de horas laborables está especificado por ley y recientemente Francia ha limitado el número de horas a 35 semanales. Y Francia no es un país socialista. ¿Entonces quién está equivocado? Actualmente, hay un giro en política hacia la derecha que está quitando todas estas leyes y condiciones como los seguros en caso de accidente laboral y haciendo perder fuerza a los sindicatos. ¿Dónde están los sindicatos? El Estado no ha parado de regular nunca, pero sucede que con esta derecha se está perdiendo estas regulaciones del Estado.

Edward: También hay una falsa creencia de que la vitalidad económica o la productividad depende del número de horas trabajadas. Cuantas más horas, más vitalidad. Sin embargo, Grecia es el país de Europa que más horas trabaja y la troika quiere que trabajen aún más horas. En el otro lado, está Alemania, que es de los países donde menos horas se trabaja. Si comparamos la productividad de uno y otro vemos que no está relacionada productividad con horas de trabajo.
¿Creen que los mercados en nombre de la libertad han arañado o robado la libertad de los ciudadanos de intervenir en la vida pública y defender sus derechos a través del Estado?
Robert: Sí. Sin lugar a dudas.
Edward: En la situación actual, con el paro tan elevado que están sufriendo las sociedades actuales, los trabajadores necesitan más al empresario que viceversa. El empresario puede sustituir a los trabajadores cuando desee. En esta situación, si quitas derechos a los trabajadores, al trabajador le queda poco margen de maniobra.
Ustedes señalan la llegada de Reagan y Tatcher al poder como el momento histórico en el que la economía se desliga de la sociedad. La economía surgida de las reformas de los 80, ¿puede conseguir el bien común de la sociedad mediante sus iniciativas individuales como decía Adan Smith?
Robert: No, de esta manera. Cuando las cosas iban bien, cuando la economía crecía, la abundancia de riqueza tapaba los agujeros del sistema. Ahora que estamos en crisis van apareciendo los agujeros que íbamos tapando como podíamos en los tiempos de abundancia. No sólo estamos en una crisis económica, sino también en una crisis del sistema.
"Una vez que no haya capital que acumular, el capitalismo desaparecerá"
Volviendo a la naturaleza del ser humano, ustedes señalan que el sistema capitalista ha enfatizado la envidia y la avaricia del ser humano. Quería preguntarles sobre el eterno dilema sobre su naturaleza? Ustedes creen como Rousseau que el ser humano es bueno por naturaleza pero que la propiedad privada lo corrompe?
Edward: No. No comulgo con Rousseau porque la envidia no se debe únicamente a la propiedad privada. Un ejemplo universal de esto es la envidia sobre la mujer de tu vecino o el marido de tu vecina. Creo que hay muchos tipos de envidia que no tienen que ver con la propiedad privada.
Robert: Se trata de que el capitalismo incrementa el deseo pero reduce la posibilidad de satisfacerlos.
En su obra, como en la muchos otros autores, señalan al sistema capitalista como un paso previo a un nuevo sistema más armonioso, por así decirlo. ¿Qué vendría después de este sistema?
Edward: El capitalismo está basado en la acumulación de capital. Una vez que no haya capital que acumular, el capitalismo desaparecerá. El problema es que hay gente que defiende que siempre habrá capital para acumular, nuevos productos y nuevos nichos de mercado. Por lo que el capitalismo, se regenera continuamente. Una forma que tiene el capitalismo para seguir avanzando es cargarnos con una mayor deuda y una vez que estamos demasiado endeudados el sistema se colapsa y llega la crisis.
En este regeneración ha llegado el poder absoluto del capitalismo financiero. ¿La crisis viene provocada por esta necesidad de crear y crear nuevos capitales que apropiarse?
Edward: Desde luego. Quieren crear más capital, más productos y que la gente siga consumiendo y endeudándose. Se puede decir que la crisis se debe al capitalismo financiero y son los bancos los que van acumulando más y más capitalismo.
A lo largo de la historia hemos tenido unas barreras morales que impedían la acumulación de riqueza en las mismas manos. ¿Por qué han ido desapareciendo estas barreras?
Edward: Ha habido una voluntad explícita de derribar esas barreras morales. Pensadores como David Hume o Adan Smith abogaron en el siglo XVIII por eliminar esas barreras para tener Estados más ricos.
Robert: Debo añadir que en el siglo XX volvieron a aparecer esas barreras morales con los movimientos sindicales, laborales y las democracias, pero se volvieron a derrumbar estas barreras en los años 80.

Fuente: http://www.publico.es/444524/el-capitalismo-incrementa-los-deseos-pero-reduce-la-posibilidad-de-satisfacerlos