Mostrando entradas con la etiqueta futuro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta futuro. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de noviembre de 2013

Matt Damon leyendo a Howard Zinn

Matt Damon leyendo un discurso de su amigo Howard Zinn llamado "el problema es la obediencia civil" escrito en noviembre de 1970.

Zinn fue un historiador social estadounidense cuyos planteamientos incorporaron ideas procedentes del marxismo, el anarquismo y el socialismo. Desde la década de 1960, fue un referente de los derechos civiles y el movimiento antibélico en los Estados Unidos. Al final, los problemas de hace 40 años, no son tan distintos de los actuales.


"Comienzo desde la suposición de que el mundo está patas arriba.De que todo está mal.

De que la gente equivocada está en la cárcel, y que la gente equivocada está fuera de la cárcel.

De que la gente equivocada tiene poder, y la gente equivocada no tiene poder.

De que la riqueza está distribuida en este país y en el mundo de tal forma que no requiere simplemente una pequeña reforma si no que requiere una drástica redistribución de la riqueza.

Comienzo desde la postura de que no tenemos mucho que decir al respecto por que todo lo que tenemos que hacer es pensar en el estado actual del mundo y darnos cuenta de que todo está al revés.

Si no piensas, si simplemente escuchas lo que dice la televisión, lees cosas académicas, en efecto empiezas a pensar que las cosas no están tan mal o que pequeñas cosas están mal.

Pero tienes que distanciarte un poco, y luego volver y mirar al mundo.Y te horrorizas.

Así que tenemos que comenzar desde la suposición que las cosas están realmente patas arriba. Y nuestro tema es la desobediencia civil. Y en cuanto dices “El tema es la desobediencia civil”, lo que dices es “el problema es la desobediencia civil”. Ese no es el problema.

El problema es la obediencia civil.

El problema es la cantidad de gente en todo el mundo que han obedecido los dictados de los líderes de sus gobiernos y han ido a la guerra. Y millones han muerto por esta obediencia.

Reconocemos esto en la Alemania nazi. Sabemos que el problema entonces era la obediencia. Que la gente obedeció a Hitler. La gente obedeció. Eso estaba mal.Deberían haberle desafiado. Y deberían haber resistido. Y si todos hubiéramos estado allí, se lo hubiéramos enseñado.

Incluso en la Rusia estalinista podemos observarlo. La gente era obediente, todos esos rebaños de gente obediente.

¿Recordáis aquellos días de batallas cuando la gente era explotada por el feudalismo? Todo era horrible en la edad media.

Pero ahora tenemos la civilización occidental. El Imperio de la ley.El Imperio de la ley ha regulado y maximizado la injusticia que existía antes de la regla de la ley. Eso es lo que ha conseguido el imperio de la ley.

Cuando en todas las naciones del mundo el imperio de la ley es la querida de los líderes y la peste de la gente, debemos empezar a tenerlo en cuenta. Debemos trascender estos límites nacionales de nuestro pensamiento.

Nixon y Brézhnev tenían mucho más en común de lo que tenemos nosotros con Nixon.

J. Edgar Hoover tenía mucho más en común con los directores de policía secreta soviética que con nosotros.

Es la dedicación internacional a la ley y el orden, lo que ata a los líderes de todos los países con un vínculo de camaradería.

Por eso nos sorprendemos tanto cuando se encuentran y dan la mano, se sonríen o se fuman puros.
Realmente se gustan entre ellos, sin importar lo que digan.

Lo que estamos intentado hacer, supongo, es realmente volver a los principios, objetivos y el espíritu de la declaración de independencia. Este espíritu es resistente a la autoridad ilegítima y a la fuerzas que arrebatan a la gente de su vida y su libertad y su derecho a perseguir su felicidad.

Y por lo tanto, bajo estas condiciones, urge el derecho a alterar o abolir las actuales formas de gobierno y el acento está sobre abolir.

Pero para establecer los principios de la declaración de independencia, vamos a necesitar ir fuera de la ley. Para de obedecer las leyes que exigen matar, o adjudicar la riqueza de la forma en que se ha hecho, o meter a la gente en la cárcel por pequeños e insignificantes infracciones técnicas, y mantener a gente fuera de la cárcel por enormes crímenes.

Mi esperanza es que este espíritu tome lugar no solamente en este, si no además en otros países, porque todos lo necesitan.

La gente en todos los países necesitan el espíritu de la desobediencia al estado. Lo que no es algo metafísico, si no algo de fuerza y riqueza.

Y necesitamos algún tipo de declaración de interdependencia entre la gente de todos los países del mundo que luchan por las mismas cosas."


sábado, 12 de enero de 2013

Jacques Rancière


"La fuerza política verdadera es una fuerza que tiene que crear, de algún modo, su propia temporalidad. La cual no es una temporalidad del Estado o de las elecciones, sino que significa, también, que tengan sus propias formas de discusión, información y formación”. Quien habla es Jacques Rancière, en su última visita a la Argentina en un hotel en Recoleta, antes de partir hacia la Universidad de San Martín, donde dio un ciclo de conferencias públicas auspiciado por el Programa Lectura Mundi y recibió un doctorado Honoris Causa. Esta es la tercera vez que el pensador francés viene al país, pero desde su última visita pasó casi una década. Desde entonces su figura y su influencia en el panorama intelectual no han dejado de crecer. Profesor emérito de Estética y Política de la Universidad de Paris VIII y de la European Graduate School, hace casi 40 años que Rancière es un pensador fundamental de la escena contemporánea. Como alumno de Louis Althusser, en su juventud participó en la redacción colectiva dePara leer El Capital, pero luego de mayo del 68 rompió políticamente con su maestro, a quien le discutía uno de los postulados básicos del marxismo: la falta de conciencia de clase en la masa de los trabajadores. De allí nacieron muchos de sus interrogantes sobre la emancipación en el campo de la política, la historia, el saber, la estética y el arte, temas que investiga desde los 70. Para Rancière, entonces, la política está constituida por momentos de disenso en los que la imaginación colectiva va más allá de lo establecido. Entiende a la democracia como el poder de cualquiera. Por eso alienta la existencia de los nuevos movimientos sociales, que se despegan de cierta forma de política institucionalizada. “Quien enseña sin emancipar embrutece”, decía Joseph Jacotot, un pedagogo francés de principios del siglo XIX. Dos siglos después, Rancière retoma la teoría para dar cuenta de la igualdad intelectual de todos los ciudadanos ante el saber, como una superación de la clásica relación maestro-alumno, de aquellos que parten de una desigualdad de base para volver activos a aquellos considerados pasivos. La emancipación intelectual, por sobre la material, es la única capaz de garantizar que los trabajadores logren su emancipación política.

-Como Derrida, Camus y el propio Althusser, usted nació en Argelia. Pese a que fue un hecho casual, ¿marcó de alguna manera su trabajo?
-No tuvo un gran impacto, porque, de hecho, Derrida, Camus, Althusser y mucha otra gente, venían de familias judías que habían vivido en Argelia desde fines del siglo XIX. En lo que respecta a mí, yo nací en Argelia porque mi padre era funcionario, pero podría haber nacido en Estrasburgo o Lille. Pero aunque no pasé demasiado tiempo en Argelia –sólo dos años–, crecí rodeado de muchísimas cosas provenientes de Argelia: libros, imágenes, muebles, etcétera. De modo que toda mi vida tuve una dedicación específica a mi país.
-A usted no le gusta usar el término “crisis” para abordar la situación actual en Europa. Pero frente a este panorama, ¿detecta una nueva oportunidad para la emancipación de la clase trabajadora?
-“Crisis” es uno de los nombres oficiales para este gran intento de desplazar a la clase obrera en sí misma a través del envío de fábricas a China, la fragmentación de los procesos de trabajo y la supresión de todas las formas de políticas sociales. Ahora estamos en un punto en el que el problema no es la vieja pregunta: “¿qué puede hacer la clase trabajadora?”, sino “¿con qué forma de colectivo obrero se puede crear de nuevo?”. Es un problema de luchas e instituciones débiles en las condiciones que el capitalismo actual impone a la gente.
-Teniendo en cuenta lo que sucedió con Syriza en Grecia o en España, ¿piensa que el miedo al cambio se ha vuelto inherente a las democracias europeas?
-
Es claro que ahora en los países europeos la llamada democracia es cada vez menos democrática y se deja cada vez menos espacio para la iniciativa y el poder de la gente. También hay un fuerte vínculo entre el poder del Estado y el poder económico y financiero, cuyos efectos están a la vista, especialmente en Grecia, España, Portugal, y tal vez en Francia. Pero creo que, al mismo tiempo, ahora tenemos una especie de surgimiento democrático que no significa sólo manifestaciones y protestas, sino también la idea de que la democracia significa algo que aún está por crearse.
-Usualmente usted hace una diferenciación entre política y policía. ¿Cree que puede hablar de un momento específico de política?
-Yo hablo sobre todo de Europa, porque es de donde conozco el sistema político, de modo que no puedo generalizar. En Europa tenemos un fortalecimiento de la organización policial, de la sociedad como un todo divisible en partes identificables. Por el contrario, la política es la acción de la gente, fuera de las clasificaciones –que no es la que se ha corporalizado en el Estado o en el Parlamento. Es lo que pasó en España con el movimiento 15-M, lo que pasó en Grecia, en Portugal, incluso en los Estados Unidos con el movimiento Occupy Wall Street. Creo que la ocupación es importante. La idea es que tiene que haber una visibilidad de estas personas delante de la esfera oficial del Estado.
-La tecnología, Internet ¿pueden ayudar a aumentar el desarrollo de la educación emancipatoria y los procesos pedagógicos?
-Pueden ayudar. En Internet y las redes sociales está todo, lo cual permite una circulación de información que posibilita el aprendizaje emancipatorio y la comunicación alternativa. Además, Internet también fue importante para las manifestaciones de los movimientos que recién nombré. Precisamente, ese modo de comunicación no puede ser controlado por el poder y, así, puede crear una sensación de comunidad, porque el problema es cómo es posible reunir a un número de personas más o menos relacionadas con la situación y con la misma reacción. Entonces, funcionan para dar una sensación de que no están solos.
-¿Y qué tipo de sujeto político son estos nuevos movimientos sociales?
-Es difícil definirlos. Si queremos hacer una determinación general de esta gente podemos decir que son trabajadores precarios, los cuales pueden tomar diferentes figuras: desde gente pobre, sin trabajo hasta estudiantes graduados que no pueden obtener trabajo en la Universidad. Básicamente, creo que el fondo de estos movimientos es esta condición de precariedad, la cual es compartida por gente que viene de muy diferentes situaciones. Pero al mismo tiempo lo importante de estos movimientos precisamente no son las protestas de un grupo específico o una identidad específica, sino, básicamente, que son movimientos que tienen la capacidad de representar a cualquier tipo de persona.
-Pero sufren la dificultad de construir poder. ¿Cómo se involucran en el debate político?
-
Depende de lo que se llame debate político. Creo que es imposible para ellos estar realmente involucrados en el debate político oficial. Lo que tienen que hacer para jugar un papel –aunque suena un poco pomposo decirlo así, es tan fácil decir qué tendría que hacer la gente– es no ser una especie de suplemento del debate. La fuerza política verdadera es una fuerza que tiene que crear, de algún modo, su propia temporalidad. La cual no es una temporalidad del Estado o de las elecciones, sino que significa, también, que tengan sus propios objetivos e idealmente sus propios colegios, su propia prensa, su propia universidad. Más ampliamente, sus propias formas de discusión, información y formación. El problema es armar una fuerza autónoma y no ser una especie de nuevo partido de la izquierda extrema, porque ya hay muchos.
-¿Puede equiparar la situación europea actual con la latinoamericana de hace diez años, con el colapso de los partidos políticos?
-No lo sé, porque los partidos tradicionales no colapsaron del todo. En Francia hay militantes de la izquierda extrema que están activos preparando las primarias de las elecciones para las presidenciales. No es un buen signo. No creo que haya un colapso de los partidos viejos en Europa y no deberíamos estar a la espera de ese colapso. Es tiempo de constituir una fuerza autónoma.
-¿Y qué ve en América Latina con la victoria de Hugo Chávez, Cristina Kirchner, Evo Morales: líderes que están en el poder, quieren seguir estando y la gente los vota?
-El hecho es que en Sudamérica hay algunos gobiernos que quieren escapar del modelo económico impuesto por el FMI y las instituciones económicas mundiales. Lo cual podría ser una cosa buena. Al mismo tiempo, restablecieron una relación carismática con la gente. Yo sé que muchos intelectuales de izquierda en Europa o los Estados Unidos, por ejemplo, dicen que eso es bueno porque justamente defienden a la gente. Pero yo pienso que, realmente, lo mejor que un gobierno o un líder puede hacer para su gente es irse rápidamente, darles la posibilidad de poder seguir sin ellos. No creo que sea bueno para la democracia que la gente necesite que su líder esté una y otra vez en el poder.
-¿Qué pueden hacer la filosofía y el arte para ayudar en política?
-Yo no creo que puedan hacer mucho, porque no creo en ciertos conceptos como compromiso y responsabilidad. Hay muchas formas diferentes, pero no intentan especialmente hacer algo con la clase trabajadora. Por otro lado, pienso que la filosofía y el arte siempre tratan de cambiar las coordenadas del mundo, la apariencia del mundo. Lo que sucede ahora en Europa –lo que llamamos un consenso– es que estamos configurando lo real extrañamente como algo de lo cual no se puede escapar. Todo es visible, claro y no se puede hacer otra cosa salvo lo que hacen nuestros gobiernos. Por supuesto, pienso que hay una lucha muy importante para romper con el monopolio de la descripción del mundo. Ciertamente la filosofía y el arte pueden funcionar en eso si la gente quiere usarlos para reconfigurar la inteligibilidad del mundo vivido. De todos modos, creo que deben ser modestos. Si quieren ser eficientes, los artistas y los filósofos deben ser conscientes de los límites de lo que pueden hacer.
-Usted dice que el naturalismo en la literatura posibilitó el protagonismo de “los cualquiera” en la ficción. ¿Qué posibilita la incursión de las distintas manifestaciones artísticas en lo social respecto de la emancipación del espectador?
-La novela realista dio pie a la introducción de la participación en el arte de cualquier persona. Lo cual, ciertamente, es parte de varios proyectos artísticos. Hay una tendencia en las artes de intentar estar, nuevamente, en el corazón de los problemas sociales y de las luchas sociales. Tenemos imágenes de todos lados de la vida cotidiana, de los problemas sociales de todas partes del mundo, pero creo que los dispositivos que se están creando ahora son enigmáticos, lo cual tal vez sea una cosa buena, porque precisamente hubo un tiempo en el que los artistas anticipaban el efecto de lo que estaban haciendo. Y ahora creo que la mayoría de ellos no está anticipando el efecto, sino que está intentando crear algún tipo de zona de indeterminación, ofreciendo dispositivos que pueden ser observados y leídos de maneras diferentes. Es parte de una nueva tendencia de darle a los espectadores una posibilidad de reconfigurarse, de recrearse a ellos mismos.
-Teniendo en cuenta este rol del espectador que acaba de mencionar, ¿en qué momento surge la oposición entre ver y actuar?
-Es una oposición bien antigua que en la tradición europea se remonta hasta Platón: la idea del espectador en la cueva que ve solamente sombras. Yo creo que esta oposición corre por toda la historia de las tradiciones occidentales. El punto es que, básicamente, en un principio fue una especie de declaración reaccionaria de decir que hay gente que tiene la dignidad de aquellos que actúan sobre aquellos que están atrapados en la cueva en un estado pasivo de mirar. Obviamente, la paradoja es que en ese momento esa idea reaccionaria se tomó como una especie de modelo revolucionario. Diciendo “Ahora el arte tiene que ser activo. La gente tiene que ser transformada en actores”. Pero cuanto más se le exige al espectador que sea activo, es así más inactivo. El punto es que mirar no es una acción pasiva, sino que es una actividad, porque los espectadores, de hecho, crean la obra de arte tanto como el artista mismo, crean la circulación y los mundos alrededor de las obras. Ellos hacen que el arte funcione.
-¿Y dónde se puede ver esta forma de aprendizaje que usted toma de Jacotot, del maestro ignorante, en la vida cotidiana?
-No es algo particular, pero pasa todo el tiempo. De hecho, me sucede muy seguido, cada vez que tropiezo con algo que descubro al azar, surgen nuevos temas e itinerarios de investigación. Es una forma de descubrimiento que no está anticipado por ningún programa ni método preexistente. Todos ya sabemos algo y todos estamos en condiciones de aprender nuevas cosas. Entonces, creo que la emancipación no es algo que concierne sólo a la gente pobre sino también a cómo somos entrenados en la escuela y en la vida.
-Como filósofo, ¿qué resguardo toma para no caer en la forma de explicación tradicional y posicionarse como un “maestro ignorante”?
-
Un profesor es principalmente un investigador. Lo que le dice a sus alumnos es fruto de sus investigaciones. Lo que Jacotot llamó su “aventura intelectual” no implicó que pusiera su conocimiento dentro de la cabeza del alumno, sino que le contara su propio cuento sin anticipar el efecto. Jacotot decía que entre el maestro y el alumno debía haber una búsqueda, que se debía dejar a disposición de los estudiantes la creación de sus propias formas. Lo que es importante, entonces, es que el aprendizaje de emancipación no significa que todo el mundo hable al mismo tiempo, con un formato abierto, sino crear una situación de exigencia mutua.

sábado, 22 de diciembre de 2012

THE GREAT SPANISH CRASH

¡Qué mal nos sienta que nos saquen las verdades! 
Claro que si no es así, el cinismo político y mediático lo cubre todo cual lluvia de caspa, impidiendo ver los frutos (podridos) del bosque en toda su magnitud. 
Esta vez ha sido la sacrosanta BBC quien ha tirado de la manta y a puesto cara, nombres y apellidos a una parte de los superchorizos "made in spain" que cual enjambres de estorninos pueblan todos los rincones del suelo patrio. 
Los directamente aludidos han tardado nada en salir a protestar y a pedir que nos dejen tranquilos con nuestra vobinería y nuestros acomodos, no vaya a ser que la calle hierva un poco más y se multiplique "el enemigo" por mucho. "No me soliviante más al personal que estoy a punto de cerrar unos negocietes sanitarios y educativos..."
A día de hoy, los British, que para eso son muy British, dicen que "mi no enchender eshhpanishh" y ale aquí va:

Algunas claves según: http://politica.elpais.com/politica/2012/12/21/actualidad/1356124203_744609.html

¿Qué imagen de España divulga la BBC?

La de un país en caída libre que ha pasado del vigor del crédito y la eclosión inmobiliaria a las largas colas de parados y donde se ha comenzado a perfilar una nueva cara de la exclusión: necesitados procedentes de clases medias que recurren por primera vez a la caridad.

¿Cómo presenta la BBC a la Comunidad Valenciana?

Como un ejemplo de mala gestión. La autonomía que preside Alberto Fabra se muestra como una tierra de “despilfarro” que creció al calor del boom urbanístico, la aquiescencia de las cajas “politizadas” como Bancaja y la CAM, y que ahora paga la factura de sus “excesos”. El documental repasa el desarrollo de obras como la Ciudad de las Artes y las Ciencias y el puerto de Valencia, sede de la Copa del América y la Fórmula 1. También muestra cómo es el Aeropuerto de Castellón, donde no aterrizan aviones. La ciudad de las grandes infraestructuras y eventos contrasta con la urbe de las carencias, que toma forma en un Colegio 103, un centro próximo al complejo diseñado por el polémico arquitecto Santiago Calatrava donde los niños estudian en barracones prefabricados.

¿Se ajusta la imagen de la Comunidad a la realidad?

Sí, pero con matices. El catedrático de Historia de las Instituciones Económicas de la Universitat de València y exconsejero de Bancaja Jordi Palafox considera rigurosa la secuencia de los hechos. Palafox, uno de los entrevistados, atribuye al conflicto de intereses de las cajas a parte de los problemas que atenazan a la Comunidad. El presidente de la Unió de Periodistes Valencians, Joaquim Clemente, admite que la autonomía fue el escenario de las malas prácticas, pero también que es posible encontrar otros casos de despilfarro en España.

¿Son ciertas las cifras y hechos relatados?

Todas las fuentes consultadas aseguran que sí. Solo cuestionan que la autonomía sirva como ejemplo de la crisis. La información proporcionada por la BBC procede, en parte, de los datos de Xarxa Urbana, un colectivo de periodistas que recopila información de medios de referencia como EL PAÍS.

¿Es serio el formato del documental?

Sí. El presidente de la Unió de Periodistes Valencians, Joaquin Clemente, defiende el programa aunque hubiera preferido un espacio más analítico como el estadounidense 60 minutes para abordar el fenómeno, así como una mayor diversidad de opiniones. Sólo aparece un representante del gobierno valenciano, el consejero de Economía Máximo Buch. Enric Morera, portavoz de Compromís en las Cortes, celebra la emisión. “Lo critican hoy, que acabamos de saber que el canon de la Fórmula 1 de Valencia nos costó 26 millones de euros”, apunta. Uno de los entrevistados destaca la “profesionalidad” del equipo de la BBC pilotado por Paul Mason.

¿Es la primera vez que aparece la Comunidad Valenciana como un ejemplo del despilfarro en un medio internacional?

No. Una audiencia internacional de 170 millones de espectadores ya conoce el Aeropuerto peatonal de Castellón o los costes de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, según el colectivo de periodistas Xarxa Urbana, que ha colaborado con los reporteros que han emitido desde mayo reportajes similares en televisiones de Francia, Dinamarca, Japón Catar (Al Jazeera). De hecho, la cadena alemana privada Sat 1 emitirá un documental similar en breve. “Los periodistas extranjeros se sorprenden por las dificultades para acceder a la información de la Generalitat o la prohibición de grabar en colegios”, explica el coordinador del citado colectivo, Miguel Ángel Ferrís. Junto a las televisiones, diarios, como los alemanes, como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, han tratado el fenómeno.

¿Qué ejemplos toma el documental?

El caso más concreto es San Miguel de Salinas, una población alicantina de 8.000 habitantes con presencia británica, que se muestra como una maqueta del país. Desempleados, ancianos, pensionistas denuncian la “gravedad” de su situación. Una mujer se queja de que si paga el alquiler, no puede comer. Otra dice que no puede alimentar a sus tres hijos. Una familia donde nadie trabaja se lamenta de que “tiene que pagar” por la Formación Profesional. Y un corrillo de jóvenes, víctimas del parón laboral de la construcción, confiesa que vive gracias al colchón familiar. A las afueras de San Miguel de Salinas se presenta una urbanización fantasma, donde una fila de unifamiliares sin vender revela las consecuencias del desplome inmobiliario y el crédito fácil. Se aborda también la ley urbanística que otorga a los ayuntamientos poder en la gestión del suelo, “una fuente de corrupción”, según los expertos.

lunes, 4 de junio de 2012

PLAGAS y demás INFECCIONES

El cuidado de los jardines y plantaciones ha requerido de un aprendizaje renovado a lo largo de la historia, al hilo de la voracidad y consistencia de las diferentes enfermedades y plagas de los cultivos.
Los que dedicamos parte de nuestros días a los cuidados campestres, sabemos de los males que causan el descuido con las colonias de áfidos y afines que deciden parasitar los brotes nuevos de flores, frutales, hortalizas... hasta el punto de que una desatención puede provocar daños irreparables para la temporada.

Hemos sido capaces de responder con decenas de remedios naturales, fitosanitarios e incluso caseros. Soluciones inteligentes para erradicar los estropicios que estos pequeños visitantes ocasionan.

Esta simple lógica paliativa aplicada hasta por el más básico de los jardineros, apenas tiene parangón en otros ambientes de nuestra sociedad, en los que dejamos hacer e incluso morir entidades vitales para nuestra subsistencia como colectivo humano. Permitimos con dejadez que varias generaciones depredadoras colonicen, secuestren y desequen terrenos antes, sino fértiles, aptos para un desarrollo futuro eficaz y sostenible de la vida social.

La especie más dañina y enquistada es la conocida como "politicus ineptus", que aunque con un largo historial de daños filogenéticos, en las últimas temporadas parece haber sufrido una transmutación genética que la hace más dañina, ofensiva y resistente a la inteligencia y al raciocinio humanos.

Sus tentáculos de mesoparásito penetran con facilidad la superficie de las instituciones haciendo muy difícil su erradicación. Con una sonrisa mediática y la vaselina de cientos de promesas electorales evanescentes han irrumpido en la educación, la sanidad, la justicia, la investigación, la cultura, el periodismo, la economía... sitiando cualquier brizna verde susceptible de dar frutos que ellos no controlen. Cuerpo que colonizan, cuerpo que queda inútil y servil, mermado y obsoleto, inoperante y absurdo.

Al cabo del tiempo hemos aprendido a convivir con ellos, a llevarles pegados en los periódicos y en los medios audivisuales, hasta el punto de no escuchar ya el rumiar metálico de sus voracidades. Luego sí solemos quejarnos, aunque infantilmente, de los daños que provocan, pero apenas conseguimos arrancarles una risa prepotente con nuestras caceroladas y pancartas. Somos capaces de ver cómo su festín depara graves daños institucionales, pero incapaces de poner remedio constitucional y democrático. Claro que también se encargaron en su momento de atropellar y neutralizar la naturaleza de sus "bellosidades". 

Y así estamos esperando a ver si se nos pasa la inflamación, espectadores de un cuento que no cambia, pacientes en la UCI con un mal que se irradia por completo.

Buena convalecencia.
DG

viernes, 17 de febrero de 2012

La destrucción del derecho laboral


El Gobierno está deshaciendo una parte del sistema jurídico establecido tras años de luchas sociales


Este título no es una metáfora, es la expresión de una realidad. Las medidas que acaba de aprobar el Gobierno y que vienen a modificar los derechos y obligaciones de empresas y trabajadores, en realidad tan solo suprimen o recortan derechos de los trabajadores. Se habrá perdido por ello el equilibrio en que se basa toda rama del Derecho. De hecho, eso es lo que se pretendía, porque  ¿qué significa sino "flexibilizar" y "desregular" las relaciones laborales? El Derecho del Trabajo era, hasta ahora, un conjunto de normas que disciplinaban aquellas relaciones, que ahora quedan sin regular o que pierden su valor. Por consiguiente, se está transfiriendo la fuerza del Derecho desde el código jurídico a las manos del más poderoso, que será siempre la empresa.
Entre las medidas adoptadas ocupa un lugar preferente la del "abaratamiento del despido". Los trabajadores, a partir de ahora, han de temer que les puedan despedir más fácilmente, y tendrán aún menos fuerza para oponerse a posibles decisiones de la empresa contrarias a la ley. De hecho, ni se atreverán a denunciar las arbitrariedades ante los tribunales, porque se encontrarán con que, incluso en el caso de que estos les den la razón, tal decisión no comportará el restablecimiento de sus derechos. La empresa se librará pagando un precio módico. Es decir, la empresa podrá comprar con dinero el silencio de la justicia.
Todo ello justifica la reacción indignada no solo de los sindicatos, como representantes de los trabajadores, sino de todos aquellos que saben que el derecho al trabajo es un derecho humano fundamental y que el código jurídico es un instrumento civilizador de las relaciones humanas. Es lamentable la miopía de muchos que no saben ver el daño que estas medidas harán al proceso que la Humanidad quiere recorrer hacia la justicia social. Lo veremos claramente cuando el panorama de las relaciones de trabajo de muchas empresas vuelva a parecerse más a un sistema feudal que a una democracia moderna.
Los trabajadores no se atreverán a denunciar posibles arbitrariedades 
La verdad es, no obstante, que de todo esto estábamos advertidos. La política neoliberal que se ha ido imponiendo en los últimos años en el terreno económico lo hacía presagiar. A mediados de los años ochenta ya había quien, entre los sabios laboralistas, nos pronosticaba, con complacencia, que muy pronto veríamos "el desmoronamiento del derecho laboral". El Derecho del Trabajo, juntamente con la Seguridad Social, se había convertido lentamente, con el tiempo, en el recambio civilizado de las revoluciones sociales decimonónicas, y vino a conquistar pacíficamente, con sus normas, nuevos espacios de justicia social. Esta rama del Derecho significaba un compromiso entre el poder del empresario y las exigencias de justicia y participación de los trabajadores en la empresa. El Derecho del Trabajo trataba de canalizar la confrontación que comporta la misma naturaleza del trabajo por cuenta ajena y proporcionaba amparo al trabajador que se proponía establecer una relación laboral desde una posición solitaria, aislada y por lo tanto, débil. El Derecho disciplinaba, además, la acción colectiva de los trabajadores a través de la dinámica sindical.
Todo ello parecía indicar que la vieja lucha de clases estaba encontrando vías de superación y que la barricada se había convertido en código o en convenio colectivo. Parecía que los derechos fundamentales de carácter social y económico que el consenso universal estaba aceptando, iban penetrando, también, en el reducto de la empresa por la vía de la extensión de la cultura democrática. Daba la impresión de que lo justo y conveniente era seguir progresando por este camino, hasta convertir la empresa en un territorio de colaboración constructiva. Pero la llegada de una nueva crisis del sistema capitalista ha sido suficiente para que resonara machaconamente esa consigna de salvación: "Hay que flexibilizar el mercado de trabajo", "hay que desregular el Derecho del Trabajo". Pues bien, con las nuevas normas se ha dado satisfacción a estas pretensiones. Cuantas menos normas, mejor…
Este es, pues, el auténtico fondo de la cuestión. Si el Derecho son normas, lo que está haciendo el Gobierno es destruir con esta reforma una parte del sistema jurídico establecido democráticamente y consolidado después de años de sacrificios y de luchas sociales. Y en cambio, lo que nos acercaría a una democracia avanzada –utilizando palabras del preámbulo de nuestra Constitución– sería un sistema cada vez más participativo en las decisiones que afectan a los ciudadanos a todos los niveles, también a nivel laboral. Y todo ello, ordenado de la manera más perfectamente posible por la regla del Derecho.
La reforma pretende volver al liberalismo puro del ′laissez faire′
Por lo tanto, nadie puede negar que la reforma que ha de aplicarse a partir de ahora camina en sentido opuesto a estos horizontes de civilización y progreso. Es un intento de retorno a las fórmulas liberales más puras dellaissez faire.
Una vez llegados a este punto, habrá que entrar en polémica con aquellos sectores que justifican la reforma como un mal menor necesario para reactivar la economía, crear nuevos puestos de trabajo y aligerar esa lacra social persistente que es el paro. Pero estos, seguramente, no se atreverían a poner la mano en el fuego y asegurar que esta reforma laboral pueda ser determinante para conseguir aquellos objetivos, y que no existen otras alternativas. En cualquier caso, el daño que se habrá hecho al equilibrio humano dentro de las empresas y al proceso histórico de la justicia social, será difícilmente reparable; habremos perdido así casi un siglo en el camino del progreso.

Francesc Casares i Potau, Andrés Pérez Subirana, Judith Barceló Cisquella y Jessica Bolancel Ferrer son abogados

viernes, 4 de noviembre de 2011

¿NUEVA ERA?

¿Hemos entrado en una nueva era? 
La disminución del peso del dólar, la desintegración de los sueños europeos, la carrera armamentística en Asia y la parálisis de la ONU son indicadores de cambio que anuncian que hemos cruzado una línea divisoria histórica

PAUL KENNEDY                                   EL PAÍS  -  Opinión - 03-11-2011
Un parteaguas es una línea divisoria de aguas, un límite entre dos zonas en las que las aguas caen en direcciones opuestas. La palabra puede emplearse también para describir un fenómeno histórico y político: un hito, un momento trascendental, el instante en el que las actividades y circunstancias humanas atraviesan la línea divisoria que separa una época de la siguiente. Mientras ocurre, son muy pocos los contemporáneos que se dan cuenta de que han entrado en una nueva era, a no ser, claro está, que el mundo esté saliendo de una guerra cataclísmica, como las de Napoleón o la II Guerra Mundial. Pero esas transformaciones históricas tan bruscas no son el objeto de este artículo. Lo que nos interesa aquí es la lenta acumulación de fuerzas transformadoras, en su mayor parte invisibles, casi siempre impredecibles, que, tarde o temprano, acaban convirtiendo una época en otra distinta. Nadie que viviera en 1480 podía reconocer el mundo de 1530, 50 años después; un mundo de naciones-estado, la ruptura de la cristiandad, la expansión europea hacia Asia y las Américas, la revolución de Gutenberg en las comunicaciones. Tal vez fue la mayor línea divisoria histórica de todos los tiempos, al menos en Occidente.
Existen otros ejemplos, por supuesto. Cualquiera que viviera en Inglaterra en 1750, antes de que se generalizase el uso de la máquina de vapor, se habría quedado estupefacto al ver sus usos 50 años después: ¡había llegado la Revolución Industrial! En ocasiones, las transformaciones entre una era y otra son incluso más rápidas, como ocurrió con el épico periodo entre 1919 y 1939. A principios de los años treinta, la democracia estaba desgastada, y la economía mundial, en descomposición, pero ¿quién podía imaginar que eso iba a desembocar en guerra y holocaustos?


¿Y qué ocurre hoy? Muchos periodistas y expertos en tecnología destacan con entusiasmo la actual revolución en las telecomunicaciones -teléfonos móviles, iPad y otros artilugios- y sus consecuencias para los Estados y los pueblos, para las autoridades tradicionales y los nuevos movimientos de liberación. De ello hay pruebas evidentes, por ejemplo, en todo Oriente Próximo e incluso en el movimiento Occupy Wall Street, aunque habría que preguntarse si alguno de los profetas de las altas tecnologías que proclaman la nueva era en la política internacional se ha molestado jamás en estudiar las repercusiones de la imprenta de Gutenberg o las charlas radiofónicas de Roosevelt que oían decenas de millones de estadounidenses en los inquietantes años treinta y primeros cuarenta del siglo pasado.

Cada era está fascinada por sus propias revoluciones tecnológicas, de modo que voy a centrarme en algo bastante distinto: los indicadores de cambio que señalan que estamos acercándonos -o tal vez incluso las hayamos cruzado- a ciertas líneas divisorias históricas en el duro mundo de la economía y la política.

El primer indicador es la erosión constante del dólar estadounidense como divisa única o dominante de reserva en el mundo. Quedaron atrás los tiempos en los que el 85% o más de las reservas de divisas internacionales consistían en billetes verdes; las estadísticas fluctúan enormemente, pero la cifra actual se aproxima más al 60%. Pese a los problemas económicos de Europa e incluso China, ya no resulta fantasioso imaginar un mundo en el que haya tres grandes divisas de reserva -el dólar, el euro y el yuan-, con algunas alternativas menores como la libra esterlina, el franco suizo y el yen japonés. La idea de que la gente va a seguir acudiendo al dólar como "refugio" no se sostiene al ver que el país está cada vez más endeudado con acreedores extranjeros. Ahora bien, un mundo con varias divisas de reserva, ¿ofrecerá más o menos estabilidad financiera?

La segunda transformación es la erosión y la parálisis del proyecto europeo, es decir, el sueño de Jean Monnet y Robert Schuman de que las heterogéneas naciones-Estado de Europa se unieran en un firme proceso de integración comercial y fiscal, primero, y luego mediante una serie de compromisos serios e irreversibles de trabajar para un continente políticamente unido. Las instituciones encargadas de hacer realidad ese sueño -el Parlamento Europeo, la Comisión, el Tribunal de Justicia- ya existen, pero la voluntad política de darles auténtica vida se ha desvanecido, tristemente debilitada por el mero hecho de que unas políticas fiscales nacionales muy diferentes son incompatibles con la divisa europea común. Para decirlo claro, Alemania y Grecia, con sus respectivos historiales presupuestarios, no pueden ir juntas hacia unos Estados Unidos de Europa; pero nadie parece tener la respuesta a esta dicotomía, salvo para empapelar las grietas con más eurobonos y préstamos del FMI.

En otras palabras, los europeos no tienen ni el tiempo, ni la energía, ni los recursos para dedicarse a nada que no sean sus propios problemas. Eso significa que existen muy pocos observadores en el continente que hayan estudiado la que podría ser la tercera gran transformación de nuestros días: la enorme carrera de armamentos que está desarrollándose en la mayor parte del este y el sur de Asia. Mientras los Ejércitos europeos están convirtiéndose en una especie de gendarmerías locales, los Gobiernos asiáticos están construyendo armadas para navegar en aguas profundas y nuevas bases militares, adquiriendo aviones cada vez más avanzados y probando misiles de alcance cada vez mayor. Los escasos debates que hay se centran en el refuerzo militar de China, pero mucho menos en el hecho de que Japón, Corea del Sur, Indonesia, India e incluso Australia están imitando su ejemplo. Si la desaceleración del crecimiento económico, los daños al medio ambiente y el desgaste del tejido social en China empujan a sus futuros dirigentes a hacer demostraciones de fuerza en el extranjero -por ahora, la verdad, sus líderes son muy cautelosos-, sus vecinos están preparándose para responder con firmeza. ¿Alguien en Bruselas sabe -o le importa- que 500 años de historia, que representan el mundo de 1500, están a punto de terminarse? Asia se dispone a dar un paso al frente en el escenario, mientras que Europa se convierte en un coro distante. ¿No será este fenómeno, para los historiadores futuros, otra línea divisoria de inmensa importancia en los asuntos internacionales?

El cuarto cambio es, por desgracia, la lenta, firme y creciente decrepitud de Naciones Unidas, en especial de su órgano más importante, el Consejo de Seguridad. La Carta de la ONU se redactó con sumo cuidado para ayudar a que la familia de las naciones disfrutara de paz y prosperidad después de los terribles males del periodo 1937-1945. Pero la Carta era un riesgo calculado: al reconocer que las grandes potencias de 1945 tenían derecho a que se les concediera un papel desproporcionado (como el veto y el sitio permanente en el Consejo), los redactores, sin embargo, confiaban en que los cinco Gobiernos supieran trabajar juntos para hacer realidad los altos ideales de la institución mundial. La guerra fría echó por tierra esas esperanzas, y la caída de la URSS las revivió, pero ahora están volviendo a desaparecer por el cínico abuso del poder de veto. Cuando China y Rusia vetan cualquier medida para impedir que el repugnante régimen sirio de El Assad siga matando a sus propios ciudadanos, y cuando Estados Unidos veta cualquier resolución para detener el avance de Israel en tierras palestinas, la organización mundial pierde su razón de ser. Y da la impresión de que a Moscú, Pekín y Washington les parece bien.

Hemos visto la disminución del peso del dólar, la desintegración de los sueños europeos, la carrera armamentística en Asia y la parálisis del Consejo de Seguridad de la ONU cada vez que se amenaza con un veto; ¿acaso no indican todas estas cosas que estamos entrando en terreno desconocido, en un mundo agitado, y que, en comparación con él, la visible alegría de los clientes que salen de una tienda Apple con un dispositivo nuevo resulta, no sé, tonta y sin importancia? Es como si estuviéramos de nuevo en 1500, saliendo de la Edad Media hacia el mundo moderno, cuando las multitudes se maravillaban ante cualquier arco nuevo, más grande y más poderoso. ¿No deberíamos tomarnos nuestro mundo un poco más en serio?

viernes, 14 de octubre de 2011

Inteligencia en la Asamblea de Madrid

Antonio Miguel Carmona apela el uso de la inteligencia (que se les supone a sus señorías) en el conflicto educativo, actualmente dirigido por intereses mercantilistas y consecuentemente elitistas. 
En su intervención nos retrotrae 200 años en la historia de este país, tiempo en el cual la diatriba Pública/Privada ya estaba presente. Así mismo refiere diversos ejemplos en los que otros países defienden un modelo público de calidad como mejor perspectiva de futuro para sus economías (el tema se dice económico) y para sus gentes. Su discurso gravita entre ¿Son medidas de ahorro? o ¿Están cambiando el modelo educativo? siendo este último argumento el que por su propio peso revienta la balanza, tal y como muestra la actual sangría educativa en el sector público.
Las cartas las tienen claras en la Consejería de Educación: rodillo, risa, decreto y represión a los rebeldes.

domingo, 25 de julio de 2010

Las potencias desempolvan sus cañones

Ojala estas palabras fueran vanas, torpes, desacreditadas y falaces. Ojala los acontecimientos no fueran más que una pantomima ejercida por quienes ostentan el poder al uso, como esos animales que escenifican su valía y estatus aparentando poses y muecas frente a sus iguales. Ojala no fragüen, no se asienten, no enraícen los aires ventisqueros que el Lejano Oriente los USA y sus acólitos se aprontan a levantar. Necesitan una guerra y todo parece cocinado. Precisan más control del planeta y esa herramienta, tan habitual en sus manos, parece engrasada para empezar a trabajar. Una herramienta nerviosa, que como todas, en manos de quien no se gobierna, es un artefacto atontado que estupidiza y por ello se torna más que peligroso. Si no es allí, será un poco más acá, pero tienen ganas, tienen avidez en sus gestos diplomáticos, tienen coartadas que justificarse, ante quienes poco les importan (nunca hay que perder la buena imagen, la sonrisa del héroe).
Ojala todo este sonido que como una ola se masca en la lejanía, no alcance los decibelios suficientes para violentar ni una sola vida, ni un solo entorno, ni todo el futuro. Que caminemos hacia la paz diseminándola, por desacreditada e innecesaria que sea para quienes nos dirigen.

DG

domingo, 11 de julio de 2010

Además de una final de fútbol

Sin duda alguna hay descubrimientos fortuitos que, en medio de la búsqueda de explicaciones vitales que uno tiene contraída, encierran oro. Este es el caso del documental "Colapso" del año 2009 (http://www.megaupload.com/?d=D8R4CG81) que descubrí en la maravillosa página: http://documentalesatonline.blogspot.com/2010/05/collpase-colapso2009-chris-smith.html
En él, un hombre, capaz de leer los acontecimientos que todos podemos presenciar, nos desvela cada una de sus implicaciones y consecuencias. El denominador resultante puede ser tan negro como la escasez de petroleo que en un tiempo no muy lejano habremos de presenciar, y que sin duda requerirá un cambio de conciencia sustancial. Conviene escuchar sus palabras para entender las sinergias que mueven nuestras vidas, esas que de la noche a la mañana nos dijeron que eramos crisis. Ya se que no es buen momento, que el tema es una final de fútbol, pero luego será una de tenis y con posterioridad una de petanca.
El señor Ruppert dice más de lo que sus palabras pronuncian. Su entendimiento vio la crisis antes de que la soltaran y fue tachado de neurótico y paranóico conspirativo. Ahora no podríamos decir lo mismo. después de las tormentas desatadas.
Sus páginas son.

martes, 10 de febrero de 2009

Coche-farola

El coche farola

Un concept car diseñado Ross Lovegrove

Encontré a este tipo en un documental de Discovery Channel

Parece que en el futuro no tan lejano podremos optar a soluciones más lógicas, prácticas y sanas. Este es un prototipo de coche urbano, con la idea de Ross Logrove y diseñado por el gran Norman Foster que para aquellos que no conozcan sus creaciones, realizó el diseño de las actuales gasolineras Repsol, también trabajó para Apple y Sony. Se quita todo lo accesorio y se le dota de otras funciones más útiles para todo el entorno de la ciudad.



Este nuevo coche ecológico está diseñado para cuatro personas. Presenta una burbuja transparente y no necesita conductor, ya que se dirige por GPS y sistema de navegación, comandado por mensajes de voz. Se mueve gracias a la energía solar proporcionada por paneles instalados en el techo y cuatro motores eléctricos independientes, uno por rueda.



Si se piensa se puede. Se puede legar más lejos.