A mi relato le faltarán razones y sentidos, refresco y templanza, aun así no me reprimo a lanzarlo en una botella más.
Venimos ponderando con júbilo en los últimos tiempos las revueltas populares en el norte africano protagonizadas en buena medida por gente joven. Tienen en sus manos la fuerza, la ilusión y sobre todo la necesidad de cambiar sus condenados destinos. Y con sana envidia parecemos echar en falta esos impulsos en nuestras calles por otros motivos, los nuestros.
Pocas son las personas (por ejemplo en España) que abandonan por un rato sus distraimientos para unir voluntades y hacer piña por una causa común. Motivos no faltan: nos mienten los políticos, nos sablean con las energías, los parados crecen como hongos, la sanidad hace aguas, no digamos la educación, la corrupción no cesa, los bancos nos chupan la sangre, por no seguir añadiendo cuestiones climáticas, nucleares, humanitarias. No faltan motivos para salir a la calle, para ejercer una consciente confrontación y son sólo pequeños corpúsculos, reducidos grupos que denuncian, protestan, pelean por "enjusticiar" las cosas. Entre ellos ecologistas y grupos de iniciativa ciudadana como malestar.org que te hacen recuperar la credibilidad en el género humano.
Pero en lo que sí somos campeones, en lo que destacamos masivamente tomando el espacio público, es en las convocatorias para beber. A eso no nos gana nadie. Cada fin de semana del año y ahora con la llegada de la primavera se congregan cual mercado de ganado a perder los sentidos (a tenor de como dejan el suelo tras la feria, cuya limpieza pagamos todos -y hablamos de toneladas-). ¿Qué lógica tiene beber como un desagüe?
A las instituciones (incluso a las universitarias) y a los fabricantes de los caldos esto les parece magnífico, porque unos ya tienen a 25.000, a 30.000, a cuantos sean, fuera de servicio y otros engruesan sus bolsillos. Hipócritamente miran para otro lado y consienten todo lo que va asociado a una pérdida de control y orden en los sentidos.
Ya son unos cuantos que recurrentemente no molestan al poder establecido (bueno, sí al ciudadano que viva cerca, pero eso al gestor público no le importa porque no sucede delante de su casa). Durante un tiempo renuncian a pensar, a no estar en la vida, durante ese tiempo y después, al menos hasta que el cuerpo vuelva a "entonarse", aunque metidos en la dinámica, éstas no parecen quedarse en prácticas aisladas (hay muchos adolescentes "mamados" dos veces por semana y a edades tempranas) Es como optar por mutilarse las raíces y lanzarse al azaroso batir del mar
¿Y los costes de eso? ¿Quién va a costear los hígados, los comas, los brotes psicóticos (aumentan cada fin de semana en las urgencias por los aditivos sumados al alcohol), los tratamientos psicológicos...?. Machacamos el cuerpo y la mente como si fueran de hormigón y luego, cuando le salen goteras pretendemos que nos lo arreglen a toda costa, que los médicos sean nuestros reconstructores. Somos la más estúpida de las especies
Mientras están bebidos no están vividos, no se preguntan por sus destinos, sus motivos, su futuro, sus responsabilidades, sus derechos... ¿Por qué si no van a estar permitidos estos eventos? ¿Por ser una expresión de la libertad de la gente? También lo era fumar en sitios públicos.
Entre otros orígenes, estas son en parte las consecuencias de la degradación educativa de nuestro sistema. Éste sólo pone su interés en inocular contenidos (sin sentido), da valor a unas notas por lo que seas capaz de memorizar (para olvidar después) y no te sitúa en la verdad de las cosas a las que te vas a enfrentar en la vida, es decir, te ilustra inútilmente (¿Y se sorprenden de que los alumnos no atiendan en clase, de que el rendimiento sea paupérrimo?) Luego sucede que la gente, en cuanto empieza a ser consciente del desastre que debe tragarse, sólo encuentra como solución el olvido, el despiste, la huida y así muchos se "cuecen vivos" con alcohol, pastilleo, videojuegos o las mil y una distracciones que el sistema moderno nos brinda para estar distraídos. A más sensación de pérdida, más distracción desaforada y como no han sido formados en la reflexión, en el análisis, en la introspección, acuden a las respuestas externas, fáciles, rápidas, saciantes, evacuadoras, momentáneas, implosivas, desfibriladoras, impactantes...
David Gamella
David, me ha gustado mucho. Esto me da de lleno, pq si bien es cierto que quiero considerarme activa en movimientos políticos y sociales, también lo es que soy una borrega mas a la hora de ir a mutilar mi mente y mi cuerpo con drogas blandas y drogas legales.
ResponderEliminarPero tambien es cierto que es el ocio mas accesible que tengo, unas veces vamos a algún CSO a ver teatro, exposiciones, charlas... y otras y otras vamos a degradarnos y perder nuestra dignidad tirados en el suelo, (cuando las piernas dicen basta) conversando con la botella.
Pero tambien me afecta del otro lado, me gustaria pesar que soy un modelo de referencia para los chavales con los que soy voluntaria, aquellos con los que me comporto de manera tan hipócrita defendiendo la cultura y el esfuerzo y criticando el ocio real de los jóvenes de hoy en día.
Es tan dificil decir que no a algo que no te deja pensar, a algo que crees que te divierte y te hace "guay".
Pd: soy berta, pero no sabia como ponerlo con mi nombre y tal... :)