martes, 8 de septiembre de 2009

Pozuelo

Antes de que otra injusticia colapse nuestras pantallas durante unos días hasta otro estreno, creo que es necesario denunciar unos hechos.

Aun vive el resplandor de las andanzas de unos entusiastas y sensibles ciudadanos jóvenes que cansados de largas jornadas de trabajo, agotados de madrugar impenitentemente y con una vida dura donde las haya, deciden, para no caer en el temido estrés, salir de fiesta cambiando tan infernal ritmo. Pero en la casa del pobre todo son pulgas y tan forzados horarios sólo les dejan libres las intempestivas horas de la noche (¡Qué pena! ¡Esto habría que llevarlo al Congreso! No hay derecho, que el proletariado sufra de esta manera teniendo que madrugar al día siguiente.)

No puede darse un buen encuentro sin una noble degustación de los más selectos caldos y tratándose de los más educados paladares ya sabe. Pero resultó que ciertas marcas aun sin determinar, no se debían encontrar en buen estado (habrá que denunciar a industria por permitir que circulen tan nefastos productos) y les sentaron mal. En tan precario estado de salud, a uno, según parecen destacar, se le cae una botella que roza, pero casi nada, a otro y éste, niño mimado, quejita y consentido donde los haya, decide acabar con la fiesta y se chiva a la policía urbana (ya me dirán qué demonios pinta en un evento de gente tan cabal, civil e ilustrada estos provocadores del uniforme). Ávidos de gresca, los municipales, que están a la que salta, sacan a pasear la porra sin mediar palabra y claro complican todo. Carreras, gritos… se rompe la baraja.

Mientras, los mozos y mozas se quedaban fríos y se ven forzados a encender algunas hogueritas con materiales que aunque pagamos todos (coches patrulla, mobiliario urbano, etc.) entendemos que realmente no cuestan tanto y además estaban un poco viejos. Y viene refuerzos policiales ¿cómo se puede tratar así a tan ínclitos, ecuánimes y considerados criaturas saturadas de trabajo y responsabilidades? ¡Hay cosas que no cambian! El relente de la noche lleva a los indefensos niños a buscar refugio en la comisaría cercana, donde nuevamente los inhumanos agentes del orden les impiden el paso y como el frío comienza a atenazar sus desnutridos cuerpos, se ven obligados a ejercitarse lanzando botellas para no morir entumecidos. ¡Se mascaba la tragedia!

Para rematar tan funesta noche los antidisturbios detienen aleatoriamente a los más indefensos que aun luchaban por mantener a flote sus vidas. Menos mal que una humanitaria juez (¡con más jueces como ella este mundo sería distinto!) ya los ha excarcelado y devuelto al cobijo de sus resueltos padres. ¡Qué mal trago para esos oriundos pozueleños! A ver si ahora esos cumplidos y abnegados progenitores que tanto han peleado por la educación y valores de sus retoños, pueden sacar los colores a las autoridades y piden unas buenas indemnizaciones. Un trato tan vejatorio es intolerable ¿Qué valores estamos transmitiendo a nuestros jóvenes y jóvanas?

Menos mal que tenemos móviles y youtube para conocer la verdad de estos hechos.



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