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martes, 29 de enero de 2013

Más sobre la película ‘Lincoln’ y sobre Lincoln


Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Policy Analysis and Public Policy. The Johns Hopkins University
Me alegra constatar que la publicación de mi artículo “Lo que la película Lincoln no dice sobre Lincoln” en Público (17.01.13) ha generado un cierto interés con un incipiente debate sobre la influencia del pensamiento y movimiento socialistas (en sus diversas sensibilidades, socialista, comunista o anarquista) sobre Lincoln y la abolición de la esclavitud en EEUU. Lamento, sin embargo, que, como era ya predecible, tal debate no haya aparecido en los mayores medios de difusión del país. Éstos, en su discusión sobre la película Lincoln, se han centrado en el análisis filmográfico sin explicar ni entender el contexto de la temática de la misma. Los medios, entendidos como espectáculo, continuamente debilitan el carácter informativo y educativo que debería prevalecer en su producción.
La respuesta al artículo ha sido viva y agradezco su intensidad. Pero antes de comentar tales respuestas, incluyendo, por supuesto, las críticas, quisiera subrayar que veo méritos en el mensaje político que la película intenta dar y que tiene que entenderse dentro del enorme conservadurismo que caracteriza la cultura hegemónica de aquel país. Por extraño que parezca, la llamada Guerra Civil estadounidense se ha presentado como un conflicto entre dos bandos igualmente válidos en la moralidad de su causa. Y le sorprenderá al lector saber que, en general, había y continúa habiendo una gran simpatía en la última filmografía hacia la causa confederal, vista como una causa romántica (supuestamente en defensa de la tradición y del patriotismo) frente a los intereses federales que, con su modernización, rompieron con la cultura de un mundo antiguo pero supuestamente mejor. La película Lo que el viento se llevó tipifica esta visión. En realidad, tan recientemente como el año 2003, se podía todavía ver la película Gods and Generals, que es una defensa de la supuesta nobleza de la causa del Sur.
Desde este punto de vista, la película Lincoln es la primera película con un presupuesto importante que claramente adopta una postura favorable al Norte. Ahora bien, esta visión, al centrarse en la aprobación de la Ley de la Emancipación de la Esclavitud, sin analizar el contexto político que lo determinó, no explica porqué ocurrió aquel evento ni cómo ocurrió. Ver (como hace la película) la aprobación de tal ley como resultado de un politiqueo, incluyendo prácticas clientelares entre las distintas personalidades (rasgo muy característico, por cierto de la filmografía estadounidense) detrás de la Ley, es no entender la historia. Se repite con ello la imagen tan extendida de que la historia la escriben los grandes hombres (y ocasionalmente grandes mujeres), tesis más que discutible. En realidad, más que discutible, la tesis es errónea, pues tales personajes son voces e instrumentos de fuerzas económicas y políticas y movimientos sociales más amplios, como el mundo del capital y del trabajo, que apenas aparecen en la película. Incluso, centrándose en el tema de la emancipación, no se puede entender la evolución de Lincoln (a la cual haré referencia más tarde) sin conocer que 200.000 tropas de esclavos se unieron a las tropas federales, cuya lucha heroica jugó un papel importante en la victoria federal. Ni sin citar el movimiento abolicionista dentro del Partido Republicano, liderado por una persona clave, Thaddeus Stevens, o el propio movimiento obrero, incluido el internacional. Era precisamente durante los meses en los que ocurren los hechos de la película cuando la 1ª Internacional se estableció, con un intercambio epistolar entre Lincoln y Marx (al cual hice referencia en mi artículo anterior) de enormes significados que, predeciblemente, no aparece en esta película.
En realidad, fue el movimiento obrero de distintos países de Europa el que apoyó el bloqueo de los puertos confederados en contra de los deseos de los establishments económicos de tales países que sí querían romper con aquel bloqueo argumentado (a fin de conseguir el apoyo de sus clases trabajadoras) que romperlo significaría recibir de los Estados confederados el algodón que se necesitaba para reavivar las economías. Tal como señala Kevin Anderson en su interesante comentario “Spielberg’s “Lincoln”, Karl Marx, and the Second American Revolution”, la resistencia a seguir el mandato de los industrialistas de sus países, en favor de la victoria del Norte frente a los esclavistas del Sur en EEUU, incluso a costa de sus propios intereses inmediatos, ha sido uno de los actos de internacionalismo proletario más solidarios conocidos en la historia del movimiento obrero. El que así lo vio también fue Karl Marx, que en su columna en The New York Tribune (21 de octubre de 1861) escribió que el pueblo inglés, francés y alemán de Europa consideraba la causa del Norte a favor de la libertad como su propia causa, siendo su lucha para conseguir la libertad como su propia lucha en contra de la esclavitud y en contra de la opresión del mundo del trabajo. La llamada al fin de la esclavitud y al desarrollo de la democracia era su causa. Y Lincoln era plenamente consciente de que la movilización obrera estaba frenando el apoyo de los gobiernos de los países europeos a la causa del Sur. De ahí su respuesta cálida a la carta de apoyo de Marx y de la 1ª Internacional a su causa y al pueblo estadounidense, respuesta también comentada en mi artículo anterior, que creó pánico entre las burguesías de aquellos países.
Pero paso ahora a responder las aparentes incoherencias en la postura de Lincoln. Varios comentaristas han señalado las declaraciones de Lincoln, que en varias ocasiones se distanció claramente de las tesis abolicionistas. En mi artículo decía ya que Lincoln había tenido claroscuros en su biografía. Y éste era uno de ellos. Ahora bien, sin diluir la importancia de estos hechos, también hay que constatar que el famoso discurso en el que Lincoln, en plena campaña para el puesto de Senador de EEUU, se desmarcó de tal postura ocurrió el 18 de septiembre de 1858. Pero Lincoln evolucionó debido a las influencias de los propios negros que lucharon en el lado republicano, así como los socialistas, sobre todo los utópicos, que generaron aquel eslogan que, como indiqué en el artículo anterior, dio pie a la famosa frase ex lincolniana del “government of the people, by the people and for the people”. De ahí que fuera considerando más y más a los exesclavos como parte de este “people”, de este pueblo. En realidad, la prohibición de la esclavitud sin compensación a los propietarios de esclavos fue la nacionalización más profunda y más rápida que haya ocurrido en cualquier revolución. Eliminó de un plumazo una clase social: los propietarios de esclavos. Y aunque Lincoln no hiciera suya la causa abolicionista de que tales tierras pasaran a ser poseídas por los esclavos, no queda claro qué hubiera ocurrido en caso de continuar su vida como Presidente. El creciente movimiento podría haberle influenciado todavía más y más. El único punto claro es que el que fue jefe de su gabinete más tarde indicó que muchos en la campaña de Lincoln eran socialistas con pleno conocimiento y aprobación del Presidente.   Todo ello explica el reconocimiento que tal Presidente ha tenido, mereciéndose la asignación de su nombre a las Brigadas de luchadores estadounidenses a favor de la II República española, conocidas como Brigadas Lincoln.
Una última observación. La visibilidad, reconocimiento y concienciación de una forma de explotación viene determinada por la movilización de las víctimas de tal explotación que hacen conscientes al resto de la sociedad de la justicia de su causa. Marx, un luchador contra la explotación del mundo del trabajo por parte del capital, no era consciente ni era sensible a otra forma de explotación, la explotación de género. Las feministas han criticado, con razón, a Marx por esta insensibilidad.
Y hace muy poco, las izquierdas europeas eran muy poco sensibles a la explotación de las personas homosexuales, y sólo hace unos años que ha habido tal reconocimiento. Y, todavía hoy, muchos socialistas españoles son insensibles a la explotación que el Estado español ha impuesto a las naciones existentes dentro de España, negando su existencia. Abraham Lincoln fue evolucionando y pasó de tener una repugnancia hacia la esclavitud a reconocer a la población esclava como una población dotada de los mismos derechos que el resto de la población. El gran defecto de la película Lincoln es que no explica ni informa sobre las causas (es decir, el contexto político) de tal evolución.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Obscenidades varias. Pablo Bustinduy


Los dos últimos párrafos de este artículo trazan otra de las líneas fundamentales del damero social en el que vamos perdiendo todos los peones. La obscenidad adoptada por el vacío del lenguaje político nos empuja a un sala de curas sin anestesias ni principios humanitarios que valgan. Los mismos que nos empujan pierden a cada paso la legitimidad otorgada por el juego de las urnas y juntos caminamos hacia un precipicio que ya no soportará más eufemismos. DG
LA OBSCENIDAD Y EL SÍMBOLO SOBRE LA ACCIÓN POLÍTICA DEL SAT
Pablo Bustinduy
Filósofo
Basta con ver el nerviosismo y la ira que expresan las reacciones “oficiales” para comprobar que el Sindicato Andaluz de Trabajadores hizo algo más que entrar en dos supermercados para llevarse sin pagar un puñado de alimentos de primera necesidad. En realidad lo explicaron ellos mismos, pues al afirmar el carácter simbólico de su acción, no estaban intentando restarle importancia o valor, ni mucho menos encontrar una coartada legal ante la previsible represión desmedida del Estado. De hecho, estaban haciendo precisamente lo contrario: reforzar su incontestable carácter político. A diferencia de un simple robo, por ejemplo, una intervención política no agota su sentido en la inmediatez de la acción, en el aquí y el ahora de lo que se dice y lo que se hace. Una intervención política hace siempre algo más: anuda una cosa y la otra de modo tal que la realidad aparece bajo una óptica diferente, descubriendo hechos y abriendo posibilidades que eran invisibles apenas un segundo antes, y que ahora quedan expuestos a la vista de todos.
¿Qué le da entonces su carácter político a la acción del SAT, y cuál es la realidad que su intervención ha permitido ver y plantear de manera diferente? No creo que la cosa consista simplemente, como ha explicado algún dirigente de la izquierda, en facilitar una “conversación” sobre la desigualdad y la pobreza en el marco de la situación de excepción económica que estamos viviendo. Conversar está bien, pero para ello hay que estar seguro de que uno habla el mismo idioma que aquel a quien quiere escuchar, y cada vez parece más claro que en la Europa de 2012, las palabras ya no significan lo mismo para todo el mundo. No se trata simplemente de reiterar todas las mentiras del gobierno y la oposición, los eufemismos insultantes con que llenan cada día el discurso público, ese ejercicio complejo que consiste en hacer como si la gente fuera idiota para lograr que, a base de subjetivarlos como seres pasivos, incapaces y desinteresados, los ciudadanos acaben actuando y respondiendo como tales. Se trata de subrayar algo más profundo, y es que la situación política ha entrado en una fase de obscenidad en la que ya nadie se cree del todo las palabras que oye pronunciar, y de hecho no se sabe bien si los valores que se invoca por doquier (democracia, Europa, legalidad, justicia) corresponden en última instancia a algo más que una serie de palabras huecas, a un montón de ficciones que se han quedado vacías, que ya no significan nada.
Barthes decía que lo obsceno produce “imágenes sin mirada”, y de hecho ob-sceno significa, literalmente, lo que está fuera de escena, lo que carece de un marco, de una justificación, de su inscripción en un relato o un contexto. En la nueva era bismarckiana del gobierno de la deuda, las escenas ficcionales de la democracia liberal, de la construcción europea o de la cultura de la transición han saltado por los aires, y las profundas heridas sociales que disimulaban han quedado expuestas a la vista de todos. El régimen sigue actuando en el convencimiento de que la ausencia de alternativas políticas reales hace imposible cualquier mirada sobre ellas, de la misma manera que uno no “ve” a un vagabundo que pide en el metro: uno siente su presencia, sabe que está ahí, pero opta por lo más fácil, por renunciar al deber de nombrarlo, como si así la cosa sin nombre fuera a desaparecer. De manera parecida, la troika y el gobierno cuentan con la ira o la rabia popular ante la agudización del sufrimiento, pero esperan reducirlas al escenario más fácil de manejar políticamente: el pogrom, la violencia sin palabra, la xenofobia ciega y sus amaneceres dorados. Cuentan con que esa rabia no sea capaz de darse una gramática, una efectividad y una subjetividad política propias. Por eso la acción del SAT les ha resultado tan inaceptable.
La expropiación de comida del SAT simboliza y le da una palabra política precisamente a aquello que se pretende silenciar: no solo una realidad subyacente (la pobreza, la desigualdad, el paro y el sufrimiento ciudadano) de la que hay que empezar a hablar de otra manera, sino la distancia creciente que separa al poder político de su objeto mismo, de una realidad política y social que ya no puede contener, ordenar y controlar con tanta facilidad. Esa distancia amenaza con romper la ficción básica del consentimiento, de la legitimidad del poder y de sus leyes, por la que el pueblo “autoriza” a quienes lo representan y ejercen autoridad sobre él. La efectividad del régimen jurídico-político de la propiedad, con todas sus raíces y ramificaciones económicas, productivas, legales e institucionales, se apoya en última instancia sobre ese círculo ficcional que dibuja la libertad de un pueblo durante un instante para a continuación justificar su sometimiento. Cuando el círculo se interrumpe y esa ficción se resquebraja, todo gobierno se queda desnudo y pasa a volverse inaceptable.
La acción política del SAT, y en eso consiste precisamente su grandeza, ha servido para afirmar que hay ficciones que ya no rigen, que hay frases que hoy en día se han vuelto obscenas (“la ley es igual para todos”, “la justicia y la legalidad coinciden”, “la propiedad es sagrada”, “pagar lo que se debe es una obligación moral”). En su lugar, ha planteado políticamente una serie de preguntas sencillas: ¿quién le debe a quién? ¿Y qué pasa si no pagamos? ¿De qué lado está el Estado, y qué intereses defiende en última instancia? ¿Qué sucede si somos nosotros quienes, precisamente en nombre de la justicia, decidimos no obedecer las leyes? ¿Qué pasaría si opusiéramos una ley propia, un principio de autonomía democrática, a un gobierno que se ha vuelto despótico y hostil y que, como se anunciaba en Sol, es incapaz de cimentar nuestra propia sumisión, pues ya no puede representarnos? Por eso la clase política al unísono vuelve a atizar el miedo, ese último recurso policial, entonando aquello del “o nosotros o el caos”. Lo que no dicen es que, como en el chiste, el caos también son ellos: es su mismo poder obsceno, desprovisto del manto simbólico de la ficción, cada vez más desnudo y vulnerable ante la insumisión democrática que acabará por dejarle sin nombre.

Tomado: 

lunes, 17 de octubre de 2011

Michael Apple defiende la EDUCACIÓN Pública

"Resistid, seguid adelante y buscad apoyo nacional e internacional".
Esta frase es de Michael Apple 
(Nueva Jersey, USA 1942. Profesor desde hace 40 años y lleva más de tres décadas analizando la democratización de la educación con profesores, sindicatos, grupos disidentes y gobiernos de distintos países del mundo).
El lunes impartió una conferencia sobre la "mercantilización" de la educación en La Casa Encendida de Madrid.
EL País publicó la siguiente entrevista:
Pregunta. ¿Cómo cree que un modelo político influye en la elección de un modelo educativo?
Respuesta. Los populares en España o los conservadores en el Reino Unido están presionando mucho sobre todo en la privatización de la educación. Buscan reformas neoliberales, tratar las escuelas de forma corporativa, como si fueran negocios. Así compiten entre ellas, lo que generalmente implica recortar presupuestos de forma masiva, tener menos profesores y menos dinero para escuelas locales. Supone culpar a los profesores de la crisis económica. Es lo que está ocurriendo ahora en Madrid. Incluso los partidos socialistas se están viendo obligados a tomar este tipo de medidas, que se están globalizando.
P. ¿Cuál es su percepción de las protestas de los docentes de algunas comunidades autónomas españolas a raíz de los recortes? ¿Son necesarias? ¿Tendrán éxito?
R. Depende de su duración y del apoyo popular. No solo está ocurriendo en España. En esto se sigue una especie de patrón. La gente de la calle entiende que la educación está en crisis y que sus hijos no podrán acceder a un trabajo. Es normal que estén preocupados. La clase trabajadora está siendo excluida, el nivel de vida está bajando. Las clases dominantes intentan trasladar la culpa a otras personas. En el caso de España, pasan de la crisis económica a la educativa y especialmente a los profesores. Si consiguen trasladarles la culpa, pueden quedar como meros espectadores. Para evitar que ocurra, los profesores deben aliarse con los sindicatos y con otros grupos también perjudicados. Las protestas educativas tendrán éxito, sobre todo, si implican a las familias. Los docentes de Madrid están siendo muy creativos y eso es importante para atraer la atención de los medios de comunicación.
P. ¿Dónde ha funcionado ese patrón general del que habla?
R. En Wisconsin, por ejemplo, el Gobierno de derechas recortó un 25% el presupuesto educativo. Retiró mil millones de dólares [744 millones de euros]. Eso supone que muchos profesores han perdido su trabajo, han visto incrementado el número de los alumnos y tienen estudiantes con necesidades especiales que han perdido a sus profesores. Hay hijos de inmigrantes que no pueden hablar inglés y que han perdido a los docentes con los que se comunicaban en español. Allí hubo protestas durante meses: se pusieron en huelga, ocuparon los edificios del Ayuntamiento, se aliaron con los grupos de inmigrantes, con bomberos, agricultores, policías... Fue una actuación brillante, una gran alianza contra el neoliberalismo. Wisconsin fue el primer Estado que dio cheques a los padres para sacar a sus hijos de la educación pública y llevarlos a la privada. Hoy por hoy no existen evidencias de que estas medidas hayan mejorado las calificaciones de los alumnos, sobre todo en el caso de las minorías. Los cheques, en origen, eran solo para niños pobres. Ahora la clase media-alta los quiere para sacar a sus hijos de la escuela pública y alejarles de los inmigrantes y la clase trabajadora.
P. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, señaló que este tipo de protestas pueden disuadir a las familias de llevar a sus hijos a la enseñanza pública. ¿Está de acuerdo?
R. Es muy peligroso que los padres que ven estas manifestaciones en los medios de comunicación piensen en cambiar a sus hijos de sistema público al privado. El modelo neoliberal está destruyendo el sistema educativo público. Y lo hacen, entre otras fórmulas, cambiando nuestro concepto de democracia. Las palabras tienen emociones. Democracia es un término positivo en general, y, más aún, en España con una dictadura reciente. Lo que intentan es que la gente crea que puede decidir, convertirles en consumidores. Es como un supermercado. El que tiene dinero puede elegir la escuela privada donde quiere que sus hijos estudien.
P. ¿A qué se refiere cuando alude a la escuela democrática?
R. A un currículo escolar que se ajuste a la vida real de las familias. Se trata de ampliarlo para que no sea solo adquirir conocimiento y conseguir un trabajo. Hay que generar ciudadanos críticos en un modelo en el que participe la comunidad entera, no solo padres y profesores. Un modelo en el que haya solidaridad y los docentes sean realmente tratados como profesionales.
P. ¿Qué país tiene un buen sistema de escuela pública?
R. En Porto Alegre (Brasil), el Partido de los Trabajadores ha hecho grandes esfuerzos para implantar escuelas de ciudadanos. En España tienen buenos expertos y críticos. Aquí se están desarrollando algunas de las reformas más interesantes. El proyecto Atlántida [un plan de innovación educativa que nació hace 15 años para reintroducir la democratización en los centros educativos] es famoso fuera de España. Se trata de que la escuela permita desarrollar un sentimiento colectivo. Parte del trabajo para los neoliberales es hacer pensar como individuos: 'la gente pobre no es tu problema, solo tu hijo, eres un consumidor'. En ese supermercado algunos pueden entrar y comprar y otros mirar desde la ventana.
P. Uno de los asuntos que ha analizado durante su carrera es la presencia de las religiones en la escuela pública o financiada con fondos públicos. En España hay colegios católicos concertados. ¿Considera que deberían abrirse a otras religiones?
R. De entrada no comparto la entrada de la religión en la escuela pública, salvo que hubiera una demanda masiva de la población. Si fuera así, deberían incluirse todas las religiones para garantizar que no exista discriminación.

martes, 21 de junio de 2011

SIRIA en MADRID

Resulta siempre curioso darse de bruces con algo que uno no espera. Sobre todo si esto te golpea de frente haciéndote cuestionar el ritmo y la dinámica que llevas.
El pasado domingo compartía calle como un indignado más (no soy muy inteligente, pero se sumar, restar, multiplicar, algo menos dividir y por desgracia ya no tengo perro - digo esto para "el siembraminas J. Losantos"que tanto nos desprecia). 
Decía que hacía dignamente la calle, cámara en mano, para compartir la alegría festiva, la música y el ritmo, las voces y coros con los que se reivindicaba acciones más justas para la mayoría de ciudadanos. Ante tanta multitud me sentía bien, ufano de ver por fin salir de las distracciones que nos pone el sistema a gentes de toda índole, edad y condición, unidos por algo más que "la dichosa roja". 
Pero la alegría y el entusiasmo, encarando el Paseo del Prado, se tornaron extrañeza y llanto. Unas banderas tricolores se agitaban enérgicas con otro tipo de voces. Era una piña de Sirios, hombres, mujeres y niños, haciéndose sentir por lo que sin duda es la terrible masacre de la población de su país. La marcha multicolor de los indignados se paraba cambiando sus proclamas por un instante frente a las fotos de los asesinados y torturados, frente al clamor doliente de quienes saben cómo su pueblo es pisoteado por el poder dictatorial, ante la ramplona pasividad de este asqueroso Norte Rico al que pertenecemos. Los Sirios no podían creer que se produjera esta atención y escucha por parte de los que llevaban bien claras sus reivindicaciones; esa unión de gritos y gestos de apoyo unió también las lágrimas de ambos pueblos. 
Nosotros pedimos mejoras de vida, ellos piden llanamente la vida. 
En un instante no pudieron por menos que decir por sus megáfonos unos ¡Viva España!  y Gracias, Gracias y Gracias, por las pequeñas muestras de empatía, apoyo y respeto.
Nuestros gobernantes sordos de todo menos de sus bolsillos, acaban de aprobar indefinidamente la "misión" en Libia (no son suficientemente valientes para llamarla guerra), porque hay que obedecer al que manda y chuparle los zapatos si se tercia. 
Siria tiene peor suerte, allí se deja cancha libre a los servicios de limpieza.
¡Bien por esos representantes del pueblo Sirio gritando con vehemencia y dignidad por el final de la ignominia   y el desprecio prepotente de Occidente! ¿No será que aun no saben cómo apoderarse de sus recursos petrolíferos, cosa ya resuelta en Afganistán, Irak y ahora Libia?
Seguí con la marcha indignada hasta Neptuno al son de las batucas y los coros espontáneos. Cuando deshacía los pasos andados, satisfecho y acalorado por haber contribuido a cambiar la fisonomía regularizada de la ciudad, volví a mezclarme con el grupo de Sirios que seguían gritando contra su embajador y el gobierno global y capitalista que los (nos) ignora. En su pulso habitaba una denuncia más urgente, crítica y humanitaria que todas nuestras indignaciones juntas y no podía dejar de atenderlas un instante más.
Felizmente no paraban de cosechar apoyos y cariño de los asistentes y los abrazos, aplausos y muestras de complicidad hicieron mella en nuestros rostros. 
Seguro que pudieron volver a sus casas satisfechos al menos de haber hecho pública una realidad doliente que se desatiende hipócritamente en nuestros medios, porque en el fondo nada importan sus destinos. No son ricos, ni famosos, ni tienen grandes casas, ni mansiones, ni huelen a Chanel, que es por lo que sí parece despertar nuestra acomodada atención capitalista. 
¡Viva el pueblo Sirio vivo!


David Gamella

viernes, 22 de enero de 2010

Universidad de Sevilla

Hoy vuelve a darme por pensar.


Parece que la PEHSI (Productora de Estupideces Hispánicas Sociedad Ilimitada) no tiene problemas de trabajo. Sí digo bien, estupideces hispánicas, porque ya no tiene mucho sentido andarse con más eufemismos y circunloquios tal y como está quedando el pastel. Más de cuatro millones de parados y a estos que no les echan ni a gorrazos.

Una de los más sonados cantos a la mediocridad, aunque seguro que no el último, la rubrican los ilustrados gestores de la Universidad de Sevilla. Y no me hubiera puesto a las teclas, con todo lo que tengo que hacer, si la noticia hubiera salido de esos programas de bromas o de una viñeta sarcástica de el Roto, si hubiera sido intranscendente pero no, es tan real e hiriente como la crisis que no veía el tío Rodríguez, de tan encima que la tenía.

Tan sesudos señores, digo yo que abrumados ante el sufrimiento que emanaban sus estudiantes al ser sorprendidos copiando, han planteado una serie de cuidados paliativos de urgencia, de mimos de jardín de infancia para tales sucesos. Porque ante todo quieren evitarles agravios, cuidar los reblandecidos estados psicológicos de quien debe sacarse un titulo; nada de dolor ni frustraciones, nada de tribulaciones y menos de angustias, que aquello además de ser Andalucía (circunstancialmente), debe parecerlo: Ejercitemos pues el talante; borrón y copia nueva.

Hasta hace nada, copiar en un examen venía siendo desde antiguo uno de los últimos recursos, deshonesto en cualquier caso, al que recurrir para lograr mejores calificaciones. Era un juego trilero de mañas para no ser pillado, un riesgo al que se exponía el que lo tenía todo perdido o el vago, con la salvedad de que quien jugaba, sabía que se la jugaba, es decir, asumía las consecuencias de sus propios actos. Pero hombre, esto es de rancios y vetustos, eso ya no se estila. Ahora cuando se descubra a un alumno en las universidades modernas del progreso (pronto se contagiará a más lugares) con tales trampas, será advertido por el profesor, palmadita en la espalda incluida, quien dejará que el niño o la niña siga con la prueba hasta el final ¡Pelillos a la mar, chatos, no os apuréis; si queréis os traigo unas cervecitas ya que voy!

Si lo pienso comparativamente ¡qué insensibles han sido con nosotros suspendiéndonos sin más explicaciones durante tantos años, expulsándonos inmisericordemente de las aulas sin un derecho a réplica, hablando con nuestras familias, teniendo que repetir… qué intolerable discriminación hemos sufrido y además sin saberlo! ¡Menos mal que estos nuevos defensores de los derechos humanos van a abolir tan totalitarios comportamientos! Las próximas generaciones no estarán subyugadas finalmente al acoso profesoral, al indigno sometimiento; todo un logro, un adelanto inteligente para asegurarnos el futuro. Y mejor tarde que nunca, no vaya a ser que deprimida y abatida la tropa juvenil asuma responsabilidades, madure, se esfuerce, pierda sus blanduras narcisistas, acabe pensando y deje de vivir en estado permanente de fiesta, pero esto es ya irse muy lejos.

Con la misma facilidad con la que se expanden las bombas de racimo, los burrócratas yerman el terreno de la inteligencia social, esa que al menos en este país fue lúcida durante la transición. Las cosas entonces se plantearon con una cierta coherencia práctica, lo que propició una salida paulatina del ostracismo y la muerte. Pero aquella finura política ha evolucionado en tosquedad y torpeza, ha despreciado el valor del bien público, del trabajo bien hecho, de las responsabilidades individuales dando buen ejemplo de ello y germinando en múltiples arrogancias. Cada vez los puestos relevantes de la sociedad se copan de pueriles personajes, a tenor de las resoluciones judiciales, del estado de la economía, de la sanidad, de la educación, etc. Cada vez se erigen más trámites y ventanillas ralentizantes, papeles propagandísticos y cuestionarios que rellenar para encubrir las realidades, protocolos de actuación que diluyen la sensatez necesaria para la vida; vulgarizadores en toda regla como la que prometen en Sevilla.

Allí una comisión de docentes, docentas junto a colegos y colegas de los copiantes, estudiarán el caso y discutirán la credibilidad del alumno y por supuesto del profesor. Éste se verá presionado por el rector y sus otras obligaciones institucionales y como al final manda quien paga e interesa que paguen muchos, terminará concediendo una nota favorable con disculpas oficiales y evitando en muchos casos el paso por los tribunales ordinarios. Esto lo cogen los de Cádiz y preparan una chirigota de primer premio.

¿Por aquí desfila la reforma educativa con la que andan jugando? ¿Esto es equipararse a Europa con Bolonia? ¿Este es el país puntero que dice que está al nivel de Alemania? ¡Ay! que me da la risa. Ya no saben como inculcar más estulticia en la gente.

A la Universidad, cuna hipotética del conocimiento, de la formación exigente y profunda, que debería igualar por arriba y no por abajo, ya le vale todo. Se ha vendido a la trivialidad, ha rendido su prestigio a la populista zafiedad de un gran número de estudiantes que se jactan de jugar al mus, liarse porros y saber sujetar el mini aun en penosas condiciones. Quien tenía antes una carrera era un privilegiado, se le suponían talentos, capacidades intelectivas, saberes. Asumía para lograrlos una serie de esfuerzos y renuncias, una actitud hacia la vida. Pero esto parecen harinas de otros tiempos.

Estamos en la España del buen vivir, la tierra de los ilusos, “de los que ya si eso yo ya” que ha aprendido a vivir del cuento y a sentir que es alguien cuando sus futbolistas levantan una copa. Si miramos por ejemplo a los vecinos de ultramar, a esos que bien les sacamos defectos por imperialistas, capitalistas y unos cuantos más “istas”, expulsan directamente de la universidad a quien copia sin más dilaciones, porque entienden que quien desprecia el conocimiento y engaña no merece ninguna distinción meritoria; por algo será que nuestros científicos e investigadores, los literatos y pensadores, los artistas emigran a lugares como este, donde se les respeta, cuida y potencian sus aportaciones.

Supongo, para ir acabando, que en Sevilla estarán pensando en ampliar las instalaciones, porque seguro que se les van a poner las clases a reventar.

David Gamella

jueves, 3 de diciembre de 2009

NO A LA INTERVENCIÓN ESTATAL EN LA DIFUSIÓN DE LA CULTURA Y EL CONOCIMIENTO LIBRE POR INTERNET.
SI UN GOBIERNO HACE EL TRABAJO QUE YA HACEN LOS JUECES (ACTUANDO COMO UN COLEGUITA AMIGO DE SUS AMIGOS), SOBREPASARÁ UN LÍMITE, EL QUE LE COLOCA DEL LADO DE LO QUE YA CONOCEMOS COMO FASCISMO.

jueves, 22 de octubre de 2009

Juan Antonio Ramírez. In memoria

Debía ser que ya lo sabías todo, que habías logrado enseñar a un considerable número de gentes con la facilidad de tu palabra y el ferviente imaginario, esos que siempre colocaban la mirada en un ángulo nuevo, aportando la chispeante emoción de poder rever lo a veces tantas veces visto, por lo que nos has dejado en este mundo aun patas arriba.
Sabio de la mirada, maestro del arte, didacta cristalino, ilusionador de buscadores, cercano en el roce, sembrador de ideas, allá donde te encuentres recibe mi gratitud por ese curso en la Universidad de Santander en el que el Cuerpo nos mantuvo en vilo durante una semana y gracias también por todos tus libros. Ellos y el recuerdo te mantendrán por siempre vivo.

David Gamella.